Orión despegó por vez primera de Cabo Cañaveral y nos ha dejado ver que está preparada para emprender las travesías espaciales más ambiciosas, entre ellas, al planeta Marte. El segundo intento fue el bueno. Con un día de retraso con respecto a la fecha planeada, la nave Orión tuvo un exitoso despegue desde una base espacial de la NASA, en Florida, e hizo patente que se encuentra lista para las más grandes misiones astronáuticas. Todo resultó de acuerdo a lo esperado y no se presentaron sorpresas de último minuto.

Orión realizó un vuelo de prueba de cuatro horas y media, tiempo que podría parecer corto, pero que significa el retorno de la NASA al campo de las misiones espaciales tripuladas, las mismas que fueron abandonadas hace cuarenta años luego de la última misión Apolo.

Y si bien este vuelo inicial no llevó tripulación, en el porvenir cercano se abren ya lugares en el sistema solar nunca antes visitados por lo humanos, entre ellos, la conquista de un asteroide o, después, el anhelado viaje a Marte e incluso planetas más distantes.

A lo largo de las cuatro horas y media que duró esta misión espacial, la NASA pudo comprobar que su nueva nave Orión se encuentra a la altura de lo esperado y, sin que se hayan dado a conocer informes detallados, parece que todo ha resultado perfecto, conforme al plan preestablecido.

Más de 1.200 sensores han servido para enviar información al centro de control, sobre todos los sistemas de Orión, en las diferentes etapas del vuelo, desde que su despegue, sobre el cohete Delta IV, hasta su descenso a las aguas del Océano Pacífico, tras una arriesgada maniobra de reingreso a la atmósfera de nuestro planeta, a una velocidad de 32 mil kilómetros por hora y resistiendo temperaturas mayores a los 2.200 grados centígrados.

En el transcurso de su vuelo, y no obstante su corta duración, Orión completó más de 96 mil kilómetros y en su segunda órbita alrededor de nuestro planeta, llegó a una altitud de 5.500 kilómetros. Era preciso que la nave alcanzara una velocidad del 80 por ciento de la que hubiera tenido un vehículo regresando de la Luna. De esa manera, los científicos de la NASA lograron comprobar el correcto funcionamiento de los escudos térmicos durante el retorno a la Tierra.

Orión, que en esta misión no estuvo tripulada, incluye tres partes bien definidas. En el centro se localiza el módulo que transportará a los astronautas, una cápsula que evoca a las usadas en las misiones Apolo. La segunda es el sistema de anulación de lanzamiento, un diminuto cohete adicional, y la tercera, es un módulo de servicio, cuyo cometido es suministrar de combustible a los motores de la nave y oxígeno y agua a los tripulantes de Orión.