Un grupo de científicos, pertenecientes al Instituto Max Planck de Astronomía de Heidelberg, ha determinado, por primera ocasión, el efecto derivado del paso de un astro errante en las proximidades del Sistema Solar y las consecuencias que esto dejaría en nuestro mundo.

Esas consecuencias, por cierto, no serían nada positivas, puesto que la estrella podría alterar la frágil conformación de la Nube de Oort y arrojar un verdadero diluvio de cometas contra la Tierra. Tal investigación ha sido publicada recientemente en el portal arXiv.org.

Esa lluvia de rocas no es algo inminente, si bien podría presentarse a lo largo del siguiente cuarto de millón de años. Por el momento, el astro más próximo a nuestro planeta es Proxima Centauri, una estrella enana roja que se localiza a una distancia de 4 años luz. No obstante, por el hecho de que las estrellas de la Vía Láctea se encuentran en movimiento ininterrumpido, en el porvenir es muy probable que alguno de estos cuerpos estelares se posicione más próximo al Sol.

Astrónomos experimentados, dirigidos por Coryn Bailer-Jones, piensan que tal aproximación podría perfilarse como un serio riesgo para nuestro planeta. Se sabe que los límites del Sistema Solar están colmados de millones de potenciales cometas de tamaños muy variables. Son heladas rocas dispuestas a manera de una nube inconmensurable, capaz de rodear por completo a nuestro sistema planetario. Es la misteriosa Nube de Oort.

Varios de los cometas que son monitoreados por los astrónomos más importantes de la actualidad, vienen de la Nube de Oort. Con frecuencia, las rocas de este conglomerado sideral chocan y alteran sus propias trayectorias. A causa de estas carambolas del espacio, algunas de estas rocas heladas son lanzadas a los planetas interiores de nuestro sistema estelar. No obstante, si una estrella errante altera con su empujón gravitatorio este entorno sideral, podría arrojar a su paso, una lluvia de cometas en contra de la Tierra.

Esta posibilidad fue la que orientó a Coryn Bailer-Jones a mensurar los riesgos y desarrollar un estudio en el marco del cual se analizaron con alta precisión las dinámicas de 50 estrellas del pasado y del porvenir. Para conseguirlo, Coryn Bailer-Jones y su equipo se basaron en la información conseguida con la misión Hipparcos de la ESA, la cual realizó un detallado escaneo del firmamento hace tres décadas.

Otra de las consecuencias de la investigación es la de que la primera aproximación riesgosa de una estrella se dará dentro de un tiempo tan lejano que, según el propio Coryn Bailer-Jones, si alguna vez se emprenden en serio los viajes interestelares, y considerando que no tomará demasiado tiempo esta aventura científica, convendría no esperar tanto para ello.