Investigadores del Instituto Tecnológico de California (Caltech) han captado por primera ocasión una rara luz en el corazón de una galaxia, lo cual se perfila como la evidencia de dos agujeros negros en una dinámica de fusión.

Las zonas centrales de numerosas y radiantes galaxias, incluyendo nuestra Vía Láctea, atesoran los núcleos de agujeros negros con masas que equivalen a miles de millones de soles. Son agujeros negros de los llamados supermasivos y parecen desarrollarse a la par de las galaxias que los acogen. De acuerdo a una importante teoría, conforme las galaxias colisionan y se fusionan incrementando su tamaño a escala masiva, también lo hacen los agujeros negros que llevan en su interior.

Tales cuerpos espaciales no pueden ser vistos por sí mismos, aunque por la gravedad que tienen, arrastran el gas que los rodea, formando verdaderos remolinos de material en torno suyo, denominados como discos de acreción. Las partículas que se movilizan en torno de los agujeros negros en fusión, se aceleran a grandes velocidades y a la vez libera enormes cantidades de energía, a manera de rayos X, rayos caloríficos y potentes radiaciones gamma.

Cuando el proceso anterior se presenta, la consecuencia es la aparición de un quasar, un objeto sumamente luminoso capaz de eclipsar a todas las estrellas en la galaxia anfitriona y que puede observarse desde el otro extremo del Cosmos. En un reciente trabajo, publicado en "Nature", el autor principal del estudio, George Djorgovski, ha mencionado acerca de una señal de luz que se manifiesta en repeticiones. Es un lejano quásar que, de acuerdo a los especialistas, muy posiblemente surgió como consecuencia de la fusión de dos agujeros negros supermasivos. Es un fenómeno que se conocía a través de distintas teorías, pero que no había sido observado sino hasta la fecha.

El hallazgo, conseguido por científicos de Caltech, podría ofrecer valiosa información acerca de un viejo misterio de la astrofísica denominado el "problema del parsec final", relacionado con la carencia de modelos teóricos para la predicción de las fases culminantes de una fusión de agujeros negros y también el tiempo que esta dinámica puede tomar.

Otro de los autores de la investigación, Mateo Graham, opina que, las fases finales de estos sistemas de agujeros negros supermasivos han sido escasamente estudiadas. El hallazgo de un sistema que se encuentra en esa etapa evolutiva, revela que se tiene la mejor oportunidad de observar lo que acontece entonces.