Ellos están en todas partes, incluso yacen en la piel de los humanos, pero optamos por no pensar en su ineludible presencia, puesto que, de lo contrario, nos transformaríamos en criaturas obsesionadas por la higiene o portaríamos en todo momento trajes de aislamiento máximo, por el temor a enfermedades. Sin embargo, es preciso saber que, aunque utilicemos los recursos tecnológicos más avanzados, los microorganismos siempre estarán con nosotros.

Tanto las bacterias, como los virus y numerosas especies de hongos, siempre propiciarán la vida o la muerte, e inclusive, varios microorganismos son insustituibles para diferentes ecosistemas de la naturaleza. Por ello hay que aceptar que son significativos para la existencia misma de los humanos.

Tal importancia de los microorganismos, acaso no había sido lo suficientemente reconocida, hasta muy recientemente, cuando se abrió en la ciudad holandesa de Amsterdam el primer museo dedicado a las bacterias y demás seres microscópicos. Se trata de Micropia, un muy original recinto museístico enfocado a exponer los secretos y maravillas de los microorganismos. El museo se localiza en el interior del Artis Royal Zoo y presenta a los numerosos visitantes, una gran cantidad de datos hasta hace poco solo accesibles para los estudiosos del tema.

De manera que, al visitar este fantástico museo, los interesados pueden conocer más de 700 variedades de bacterias que habitan en la boca humana, y más de 100 mil millones de microorganismos, correspondientes a un millar de especies distintas, mismos que se ocultan en lo más recóndito de la piel humana. Pero además, considerando que sin los microorganismos no podría haber vida en nuestro planeta, Micropia nos brinda la oportunidad de observar hasta qué punto vivimos cubiertos por estos seres diminutos, los cuales en porcentaje, corresponden a las dos terceras partes de las criaturas que habitan la Tierra.

Por lo anterior, una de las experiencias más gustadas del museo, es situarse delante de un escáner y mirar cómo nuestra silueta, se empieza a colmar de pequeñas motas de color, hasta que una referencia nos indica el número de bacterias que transportamos en nuestro cuerpo. Pero además, el zoológico de lo diminuto de Amsterdam se proyecta como uno de los museos con una más destacada propuesta interactiva a nivel mundial. Eso ayuda a que los visitantes, muchos de ellos estudiantes, comprendan la enorme cantidad de microorganismos que nos acompañan e intercambiamos, en acciones como respirar, besar y comer. Este recinto museístico nos invita a desarrollar el recorrido observando a través de varios microscopios e instrumentos similares, cómo hacen hongos y otras criaturas parecidas, para alimentarse y difundirse en el ambiente.