Los adelantos en cuestión de inteligencia artificial son asombrosos y aun cuando la ciencia ficción ha planteado escenarios de un control del mundo por parte de las máquinas, lo cierto es que hasta la fecha no tienen conciencia propia.

La novela en la cual se basó la cinta de Ridley Scott, Blade Runner (1982), se titula "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" y fue escrita por el genial Philip K. Dick. Pues bien, el título de este libro sirve como pretexto perfecto para preguntarnos si acaso las máquinas pueden o podrán soñar alguna vez. Es decir, ¿cuál es el estado actual y los alcances reales que tiene la inteligencia artificial de nuestro tiempo?

Desde la mitad del siglo anterior, la inteligencia artificial (IA) ha sido una de las áreas más sugestivas y prometedoras de la investigación científica. Uno de los pioneros en el desarrollo de la IA fue Alan Turing, prestigioso matemático del Reino Unido. De acuerdo a uno de los postulados de Turing, deberíamos ser capaces de crear máquinas que puedan cometer errores y también de aprender de ellos. A juicio de este genio inglés, la ruta hacia la verdadera IA nos llevaría a la construcción de una máquina con la curiosidad de un infante y permitir que su inteligencia se desarrolle por su propia cuenta.

Recientemente un grupo de científicos de la Universidad de Alberta dieron a conocer la construcción de una máquina capaz de ganar cualquier partida de póker "Texas Hold'em". Creado en esa misma institución del Canadá, hace dos décadas, otro ingenio de IA, Chinook venció al entonces campeón internacional del juego de damas. Es muy conocido el reto que emprendió el campeón de ajedrez Kasparov, con el ingenio de IA, Deep Blue. Si bien el ajedrecista ruso venció en una primera contienda, en 1996, al año siguiente cayó ante Deep Blue, sin remedio. Este fue un gran golpe publicitario para los ingenieros de IBM, similar al que se dio en el 2011, cuando su programa informático Watson venció a dos de los mejores jugadores de Jeopardy!, un programa televisivo en donde se intentan hallar preguntas a partir de ciertas respuestas. Esta variante no implicó desconcierto alguno para el ordenador de IBM.

El avance de la IA es patente en la actualidad y, por ejemplo, Siri platica con nosotros desde el smartphone con tanta soltura como hace casi cincuenta años; un programa antecesor, Eliza, buscaba resolver el conocido test de Turing. No es difícil que ciertos programas sean capaces de comunicarse por el chat y hacerse pasar por personas reales. En los inicios de la década de 1970, el software Parry se hacía pasar por un esquizofrénico paranoico, con tal realismo que confundía a numerosos psiquiatras.

Como quiera que sea, todavía falta mucho para que uno de los escenarios catastróficos de la ciencia ficción, el intento de control del mundo por parte de las máquinas pueda siguiera imaginarse. Enrique Puertas, catedrático de Informática de la Universidad Europea de Madrid, opina que no parece que en el porvenir corto o mediato se pueda crear una inteligencia que pueda ser equiparada a la humana. La IA de nuestro tiempo solo parece enfocarse, por el momento, en resolver cuestiones concretas. Y a final de cuentas, afirma el profesor Puertas, nada que carezca de conciencia de sí puede ser considerado como poseedor de inteligencia.