Hoy jueves será el día en que la agencia espacial estadounidense ponga en órbita el satélite SMAP (Soil Moisture Active Passive), el cual está diseñado para la medición de la temperatura global, determinando la edad de la superficie y permitiéndonos saber si el terreno está congelado o no, en las regiones más frías. Este nuevo satélite efectuará un recorrido que le permitirá cubrir todo el planeta cada tres días. Lo anterior quiere decir que transitará alrededor del orbe desde un punto determinado y hasta retornar al mismo, en tan solo dos o tres días. José Martínez, colaborador de la NASA en este proyecto, afirma que, en cuando el SMAP se encuentre en órbita, se debe validar la información que nos hace llegar, en comparación con la medición que se hace en el propio sitio, es decir, en la superficie terrestre.

El objetivo de esta investigación astronáutica es conocer mejor las condiciones del medio ambiente de distintas regiones del planeta. También saber cuáles condiciones climatológicas pueden favorecer más la ocurrencia de inundaciones, deshielos, sequías, y fenómenos parecidos. De manera que, si todo se realiza de acuerdo a lo planeado, hoy mismo un satélite de la NASA comenzará su aventura en el espacio. El SWAP es el principal pilar de un ambicioso plan para el monitoreo de la humedad terrestre. Se convertirá en el primer satélite diseñado y puesto en órbita exclusivamente para este objetivo.

Pero SMAP es, ciertamente, un proyecto de gran envergadura. Se espera que nos ofrezca una notable precisión para el caso de calcular la temperatura de la superficie de nuestro planeta. Las referencias que nos proporcione este satélite de la Tierra, servirán para elaborar un mapa de humedad global cada dos o tres días, con una resolución aproximada que va de los 3 a los 36 kilómetros. Contar con mapas de elevado grado de precisión y actualizados con suma frecuencia, acerca de la humedad de la superficie terrestre, ofrecerá la posibilidad de varias aplicaciones derivadas. Por ejemplo, esto abrirá la puerta para optimizar los métodos de predicción del clima, o bien, a una mejor gestión de los recursos acuíferos. También se podrá atender de mejor manera catástrofes derivadas de circunstancias hidrológicas, como por ejemplo, deslizamientos de tierra, inundaciones y sequías extremas en diferentes partes del mundo. La información obtenida por este satélite estará a la disposición de los expertos en el tema, en unos cuatro o cinco años.