Depender del apoyo de Rusia es, desde hace tiempo, motivo de molestia en los Estados Unidos, por su rol de potencia espacial. Y es que, desde el 2011, la NASA ha requerido las cápsulas rusas Soyuz para hacer llegar sus astronautas al espacio. Así que, considerando que debe de pagar 50 millones de dólares por vuelo, el asunto implica un esfuerzo considerable para la economía de la agencia espacial estadounidense.

Este es el marco en el que cobra sentido una reciente declaración por parte de Charles Bolden, administrador de la NASA, con la cual dejó en claro que el país más importante del orbe no debería tener dependencia alguna de ninguna otra nación en cuestiones de exploración espacial.

Hace poco se ha mencionado una fecha clave, el año 2017, como punto de inicio para que la NASA vuelva a hacer despegar transbordadores espaciales para sus investigaciones astronáuticas. Pero ahora lo diferente será que no será la propia agencia estadounidense quien los fabrique. En este caso, de acuerdo con un anuncio hecho el pasado mes de septiembre, serán las firmas estadounidenses SpaceX y Boeing quienes desarrollen tales vehículos espaciales.

Boeing es un sólido y confiable socio de la NASA, en tanto que, la compañía SpaceX, inaugurada en el 2002 por Elon Musik, es un nuevo contendiente, lleno de ambición, en el medio de la astronáutica. Gracias a esta iniciativa, luego de un tiempo, la NASA podría acrecentar su tripulación presente en la Estación Espacial Internacional -que actualmente tiene seis integrantes a bordo- e incrementar sus actividades científicas.

Los directivos de la NASA desean que los transbordadores que se construyan en el porvenir cercano tengan más espacio para sus tripulantes y, así, ofrezcan mayor seguridad en el caso de que se presenten situaciones de emergencia, ya sea en el transcurso de misiones oficiales o en etapas de prueba. Se quieren evitar casos como el que aconteció hace unos meses, cuando la nave Cygnus explotó tras su despegue, o bien, cuando falleció un piloto en un vuelo de ensayo, con el vehículo SpaceShipTwo.

La decisión de la NASA de separarse de Rusia en asuntos de astronáutica, además de ahorrarle costos, parece encauzada a darle una mayor apertura al turismo espacial. Se ha planteado que, en cada vuelo manejado por SpaceX o Boeing, se permita la inclusión de un tripulante externo, el cual pagará una tarifa millonaria, por la experiencia de viajar al espacio.

Finalmente, allende las cuestiones políticas en la resolución de la NASA de apartarse del apoyo ruso, en cuestiones de exploración espacial, también parece hacerse presente el ambicioso proyecto del transbordador Orion, destinado a misiones de máxima importancia, como el envío de una tripulación humana al planeta Marte y que seguramente Estados Unidos quiere manejar en exclusividad.