Se trata de animales que son muy parecidos a los seres humanos y día con día al estudiarlos se descubren cosas nuevas y maravillosas. Son los chimpancés, antropoides que se valen de una serie de gruñidos bastante particulares para comunicarse. Por ejemplo, para referirse a ciertos alimentos, usan sonidos singulares, a modo de que sus semejantes sepan de manera precisa lo que quieren decir esos gruñidos.

Los científicos han observado cómo, cuando un empleado del zoológico les lleva manzanas a los chimpancés, uno de estos animales dará un aviso a sus compañeros acerca de qué fruta se trata, con un sonido preciso. Los demás chimpancés tendrán así conocimiento de lo que será su comida y con ello, se escuchará una gran algarabía entre ellos.

Pero, ¿qué sucede cuando se ponen en contacto dos grupos distintos de chimpancés? ¿Consiguen comunicarse entre sí, o es como si se expresaran en idiomas diferentes? Científicos de la Universidad de York han analizado este asunto y han logrado sorprendentes descubrimientos.

Por ejemplo, dos grupos de estos animales que vivían separados en el zoológico de Edimburgo, fueron reunidos en un mismo espacio. Por asombroso que parezca, los chimpancés hicieron todo lo posible por entenderse entre sí, al grado que modificaron los gruñidos que utilizaban para comunicarse en su propio grupo, para hacerlos similares a los gruñidos usados por sus nuevos compañeros.

Esta investigación, detallada en un artículo de la Current Biology, indicaría que el lenguaje de los seres humanos no sería algo tan exclusivo de su especie como se había considerado. Lo anterior es más patente todavía, con respecto a objetos externos a los cuales se hace referencia, con símbolos manejados en un entorno social.

Al respecto, Katie Slocombe, científica de la universidad mencionada, explica que, su investigación expone que, los llamados para referirse a los alimentos de los chimpancés, no son inalterables en su estructura, puesto que, al ponerse en contacto con otro grupo social, estos antropoides son capaces de modificarlos, para hacerlos más comprensibles a los recién llegados.

Lo anterior podría significar la primera evidencia relacionada con criaturas no humanas, capaces de modificar de manera consciente su manera de expresarse. Y así, tomando en cuenta la corta separación evolutiva existente entre humanos y chimpancés- calculada en unos cinco o siete millones de años-, el ancestro que compartimos con estos animales, también podría hacer manifestado esa característica esencial de la comunicación y el lenguaje.

Cada vez son más asombrosas las similitudes entre humanos y chimpancés. Una de ellas es la de tener conciencia de sí; otra, la capacidad de simbolizar; la de transmitir elementos culturales de una generación a otra; la de aprender el lenguaje de signos y también, aprender nociones elementales de matemáticas.