Las regiones montañosas de Arizona, en los Estados Unidos, son famosas por la gran cantidad de observatorios para el monitoreo del espacio que allí están instalados. Sin embargo, uno de ellos no deja de generar controversia por estar a cargo de religiosos, tomando en cuenta que se piensa que los mejores científicos no son creyentes.

Nos referimos al Observatorio Vaticano, el cual cambió su sede de Italia a Tucson, por la manera en la que el aire de aquella nación italiana se polucionó, al grado de perjudicar las investigaciones astronómicas emprendidas por la Iglesia Católica.

Los responsables del Observatorio Astronómico son religiosos expertos en esta ciencia, y están convencidos que la investigación de los cuerpos siderales es una vía para vincularse con el creador de una manera más profunda. El sacerdote Paul Gabor, uno de los directivos de la institución, comenta que no están realizando acciones dignas de censura, sino creando ciencia verdadera. Gabor puntualiza que su misión no es la búsqueda de alienígenas para convertirlos al catolicismo.

No obstante, hay muchos escépticos que no le dan tanto crédito a la labor que realizan los astrónomos del Observatorio Vaticano. Y es que, de acuerdo a estos críticos, los científicos más confiables no podrían colaborar con esta institución astronómica, por ser no creyentes. En este sentido, el físico Lawrence Krauss, explica que, inclusive desde una perspectiva meramente intelectual, los principios científicos y los dogmas de la religión, son cien por ciento no compatibles y lo han sido desde hace siglos.

En cambio, los sacerdotes astrónomos del Observatorio Vaticano, niegan tales cuestionamientos, afirmando que las fronteras entre los discursos científicos y los religiosos esencialmente no existen. Buell Jannuzi, responsable de un observatorio universitario de Arizona y colaborador frecuente de los sacerdotes astrónomos del Observatorio de la Santa Sede, opina que, las personas que se hacen las preguntas más importantes acerca de la fe, también tienen gran interés en las cuestiones astronómicas, porque estás últimas también implican una perspectiva muy profunda de los misterios del cosmos.

Fue en 1981 cuando el Observatorio Vaticano fue trasladado a Tucson en Arizona. Mucho se habló acerca de los motivos reales de esta mudanza, pero al final se supo que todo se debió al deterioro del aire en Italia, cuya calidad disminuyó a tal grado, que los sacerdotes científicos de la Santa Sede tuvieron demasiados problemas para desarrollar sus estudios astronómicos.