Una reciente investigación científica, identificó una posible relación entre el tamaño de los dedos de la manos, con el potencial que una persona tenga para ser infiel en términos amorosos. Todo ello dependería entre la diferencia de extensión entre el dedo índice y el anular.

El estudio en cuestión fue dado a conocer por la revista Biology Letters. El autor principal del artículo es Robin Dunbar, psicólogo de la Universidad de Oxford y otro catedrático, John Manning. Ellos proponen que una persona es promiscua no tanto por su apetito sexual, sino por la longitud que tengan sus dedos.

La investigación emprendida por Dunbar y Manning, incluyó los testimonios de 5757 individuos, acerca de sus apetitos y posición personal hacia las relaciones amorosas sin compromisos. Gracias a ello se determinó que existen dos clases de personas: los que tienen un gran interés en tener una relación amorosa libre, en un corto plazo, y los que prefieren comprometerse con una persona para siempre.

Posteriormente fueron evaluadas fotocopias de las manos derechas de 1,314 mujeres y hombres de Inglaterra. Estas personas respondieron a una encuesta acerca del asunto y a ellos fue a quienes les midieron el tamaño del dedo anular y el índice.

Los científicos encargados de la investigación, descubrieron que, entre más corto era el dedo índice comparándolo con el dedo anular, esa persona estuvo expuesta a una mayor cantidad de testosterona durante su periodo en el útero. Y eso justamente se traduciría en una mayor tendencia a la infidelidad, en su adultez. Y todo ello, sin que tuviera relevancia en los resultados, la distinción de géneros.

Dunbar hizo hincapié en que las distinciones son bastante sutiles y solo se perciben al analizar numerosos grupos de personas. Los comportamientos humanos, a juicio de este científico, están condicionados por factores muy diversos, como por ejemplo, el ambiente en el que uno se desenvuelva o las vivencias que se tengan cotidianamente.

De manera que, lo acontecido en el periodo uterino de la vida de una persona, solo podría tener un pequeño efecto en algo tan complejo como la sexualidad de una persona adulta. Otro de los participantes del estudio, Rafael Wlodarski, científico de la mencionada universidad, advirtió también que las diferencias halladas en los dedos, son apenas perceptibles y no deben ser tomadas como una referencia directa acerca de la real tendencia de un adulto a la promiscuidad.