Uno de los telescopios espaciales más conocidos es el Hubble. Con frecuencia, este artefacto astronómico nos ofrece espectaculares fotografías del espacio exterior y los objetos siderales que en él se encuentran. Hoy circula en los medios de comunicación de todo el orbe una sorprendente fotografía conseguida, precisamente, por el Telescopio Espacial Hubble de la NASA.

Se trata de una imagen en la que se observa un insólito tránsito de tres de los mayores satélites jupiterinos, una detrás de la otra, como si se tratara de un inesperado certamen deportivo espacial. Las lunas de Júpiter captadas en esta rara conjunción son Europa, Io y Calisto.

A estos cuerpos que orbitan al planeta más grande del Sistema Solar, se les conoce como satélites galileanos. Llevan esta denominación como un homenaje al astrónomo Galileo Galilei, quien vivió en el siglo XVII. Este científico observó los mencionados satélites jupiterinos, utilizando su telescopio. Son cuerpos espaciales que siguen órbitas alrededor de este gigante gaseoso del Sistema Solar, con duraciones que rondan de los dos a los diecisiete días.

A los satélites galileanos se les puede conservar sin muchos problemas, avanzando frente al planeta Júpiter y dejando ver su sombra en la nubosa superficie de este vasto mundo. Lo que sí es verdaderamente inusual, es captar a tres de estas lunas, avanzando sobre la superficie de Júpiter de manera simultánea. De hecho se considera que una conjunción así, solo acontece una o dos veces cada diez años terrestres.

El telescopio espacial Hubble, captó este fantástico evento en pasado día 24 de enero. En la mencionada imagen, se observa, de izquierda a derecha, a los satélites Calisto e Io, orbitando sobre la densa capa nubosa de Júpiter. También se advierten las sombras de Calisto, Io y Europa, sobre las nubes del gigantesco mundo. La luna Europa, en cambio, no es visible en la ya famosa fotografía.

Las lunas de Júpiter que aparecen en esta serie de imágenes exhiben diferentes colores. Por ejemplo, la accidentada superficie de Calisto, rebosante de cráteres, es de tonalidad marrón. Europa, con su helada y tersa superficie, es amarillo-blancuzco. En cambio, puede observarse la volcánica superficie de la luna Io, de un color cercano al anaranjado.

Ahora bien, la escasa claridad que se advierte el algunas de las sombras de estos satélites, tiene que ver con las distancias que tienen con respecto al planeta que orbitan. Cuanto más lejos giren en torno a Júpiter, más tenue es la sombra que producen, ya que esta se extiende y a la vez difumina, en la superficie de aquel coloso planetario.