En el marco de un insólito evento atmosférico, el cielo de Chile se iluminó de repente luego de una tormenta eléctrica. Fue entonces cuando los científicos instalados en el Observatorio de La Silla, del ESO, captaron a esos extraños destellos radiantes. Las imágenes referentes a tan asombroso fenómeno, están circulando por todo el orbe.

A tales fulgores los conocen los científicos bajo la denominación de "duendes atmosféricos". Se trata de ráfagas luminosas de corta duración que se presentaron durante un lapso de 40 minutos y se dilataron en poco tiempo hacia abajo, derivando en largos y rojizos apéndices, antes de difuminarse por completo, informan los voceros del Observatorio Europeo Austral, que se encuentra en el desértico entorno de Atacama, en Chile.

Estos extraños "duendes atmosféricos" fueron captados el pasado 20 de enero. Los científicos del ESO detallan que fue poco antes del alba, cuando una intensa tormenta se dejó sentir en el lugar y la atmósfera se llenó de luminoso dinamismo, con la aparición de los insólitos "duendes".

Estos últimos son el resultado de alteraciones en la ionosfera, bastante arriba de las formaciones nubosas correspondientes a la tormenta, aproximadamente a una altura de 80,000 metros. Los "duendes atmosféricos" generalmente se manifiestan como conjuntos de flashes de tonalidad anaranjada o roja, y se observan como rayos de nube a tierra positivo, es decir, a una intensidad mayor que su opuesto negativo.

En una de las capturas logradas por el Observatorio de La Silla, podemos advertir la claridad del firmamento y también las caprichosas luminosidades verde-rojizas, correspondientes a los "duendes". También puede identificarse en la fotografía, las nubes de Magallanes, y otras referencias astronómicas.

Tales fulgores son conocidos como "duendes" como una manera de evocar al autor inglés William Shakespeare, quien en su comedia "Sueño de una noche de verano" y también en su drama "La Tempestad", hace referencia a tan insólito fenómeno. Todo se debe a bruscas modificaciones en la ionósfera, por sobre las nubes de las tormentas eléctricas. Quienes lograron observar a los "duendes atmosféricos" los describen como raros destellos de color naranja o rojizo, que iluminaron el cielo con un rayo descendiente, con largos filamentos chispeantes que de pronto desaparecen.

La observación de este insólito evento se logró gracias al monitoreo del cielo que realizan de manera permanente los astrónomos instalados en el Observatorio de La Silla, del ESO.