Un grupo de científicos logró divisar un cráter de 3 kilómetros. Se desconoce cuál podría ser su origen. El hallazgo de esta enorme estructura de hielo, parecida a un anillo, ha despertado un enorme interés en la comunidad científica, en especial por las causas que habrían dado origen a este inusual fenómeno. Investigadores alemanes realizaron el descubrimiento en la zona oriental de la Antártida.

Los integrantes de la expedición avistaron el cráter, de aproximadamente 3 kilómetros de diámetro, el pasado mes de diciembre, y determinaron que podría tratarse de un área de impacto de un meteorito. Unos días después, especialistas llevaron a cabo un monitoreo aéreo para analizar el entorno del anillo con radar y un altímetro.

Olaf Eisen, científico experto en glaciares, destacó el modo en el que esta noticia fue difundida a nivel global. Desde entonces numerosos investigadores han intentado un debate acerca del origen de este formidable anillo de hielo en la Antártida. Uno de estos especialistas, Doug MacAyeal, opinó que podría tratarse de una gran dolina de hielo.

Estas últimas son sumideros de forma redonda, ocasionadas por charcos de agua de fusión, que aparecen en el interior de las plataformas heladas. Una vez que el agua en fusión se drena de manera súbita, cómo acontece con frecuencia, la superficie de ese glaciar pierde estabilidad y se colapsa, haciendo surgir un cráter redondeado. Depresiones de hielo parecidas han sido avistadas en el territorio de Groenlandia y en otras partes de la Antártida desde 1930.

Pero si el fenómeno comentado corresponde efectivamente a una dolina, surgen entonces otras cuestiones, advierte Eisen. Y es que, para que se formara una dolina de hielo tan grande, se precisaría de un enorme depósito de agua de deshielo. No obstante, ¿de dónde saldría esa cantidad de agua? ¿qué dinámicas de fusión han ocasionado la aparición de tanta agua y cómo alteraría una fusión de esta intensidad, el clima de la zona de la Antártida donde apareció el misterioso anillo? Estas interrogantes son las que plantea Eisen.

Para lograr una comprobación formal de cualquier hipótesis relacionada con este fenómeno, los científicos involucrados en la investigación deben de hacer un análisis de las mediciones efectuadas al anillo. Justo esa observación directa es la que está preparando Jan Lenaerts, glaciólogo belga. Es una misión muy interesante, pero por cuestiones de logística y circunstancias climáticas, la expedición al misterioso anillo no se llevará a cabo sino hasta finales del año 2015.