Desde hace tiempo se ha comentado que, quien desconoce la historia, esta forzado a repetirla. Tal vez de acuerdo a esta idea, el Juicio de Nuremberg se abocó a evaluar los terribles experimentos realizados por los nazis utilizando como conejillos de indias, a seres humanos.

Poniendo como excusa que la realización de estudios científicos y amparados por una ideología que desconocía cualquier derecho humano elemental, se realizaron toda clase de ensayos, que no ofrecieron beneficio alguno para la ciencia y en cambio sí derivaron en innumerables muertes.

Una de las consecuencias del Juicio de Nuremberg fue el desarrollo de la bioética y además, la revelación de algunos acontecimientos que han intentado ocultarse de los anales históricos oficiales. Un ejemplo de ello lo tenemos en la Unidad 731, un centro de estudios en Japón secreto que trabajó, desde los inicios de la década de 1930 y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, a la creación de armas biológicas en las cercanías de Pingfan, en Manchuria.

Tras evaluar qué efectos tenía la aplicación de sus letales creaciones en numerosos cautivos, los científicos de la Unidad 731 lograron difundir diferentes epidemias de peste en el territorio chino, faltando por completo a los acuerdos internacionales firmados por las potencias del mundo, en Génova.

Un historiador experto en el tema, Sheldon H. Harris, afirma que los científicos japoneses utilizaron a miles de hombres, mujeres y niños para medir la potencia de sus armas biológicas. Harris considera que hubo por lo menos 200 mil personas muertas en la Unidad 731 y todo ello sin que nadie lo supiera. En un importante libro acerca del tema, este autor asegura que, en Manchuria se cometieron muchos de los crímenes más atroces contra la humanidad en toda su historia.

Por ejemplo, Harris explica en su escrito, que los científicos de la Unidad 731 inyectaban a los prisioneros con microorganismos causantes del cólera, botulismo, disentería, peste, carbunco, gangrena y muchas enfermedades más. Además, de acuerdo a lo que refiere este historiador, era frecuente que los investigadores japoneses abrieran los cuerpos de sus víctimas sin anestesia, para revisar los daños corporales derivados de las enfermedades que les habían ocasionado.

Los estudios realizados por la Unidad 731 tuvieron su culminación, cuando los japoneses al parecer causaron diferentes epidemias de peste en el territorio chino. Se ha acusado a los japoneses de utilizar armas de tipo biológico contra Mongolia y la URSS a finales de la década de 1930; contra civiles en China en los primeros años de la década siguiente y contra militares de esa misma nación asiática en 1942.