En las postrimerías del siglo XIX, un astrónomo de Italia, Giovanni Schiaparelli, observó con su telescopio una intrincada red de líneas por toda la superficie del planeta Marte. El asombrado Schiaparelli describió a tales líneas como "canales". Ese descubrimiento motivó la consideración de que nuestro planeta vecino tuviera formas de vida, acaso seres inteligentes.

Uno de los más entusiasmados defensores de esta idea, fue el astrónomo Percival Lowell. Este último fue un científico estadounidense, que dedicó buena parte de su vida a observar el planeta Marte. A final de cuentas, Lowell llegó a afirmar que este mundo hermano era de origen artificial, la formidable obra de una civilización marciana, capaz de distribuir el agua desde los polos hasta la zonas más áridas del planeta rojo. Lowell creía que lo marcianos habían procedido así, buscando solventar la carencia del vital líquido.

A inicios del siglo XX, Lowell escribió además, un texto titulado "Marte como morada de la vida", en donde calificaba como inevitable la agonía de esta posible civilización marciana, dedicada a evitar desesperadamente la desertización de su planeta. No obstante, las exóticas teorías de Lowell perdieron toda posibilidad de ser, cuando las primeras sondas espaciales enviadas por la NASA, inspeccionaron el planeta rojo.

La sonda Mariner 4 exhibió lo que había realmente en Marte: una superficie vacía, desolada, sin rastros de vida, o por lo menos evidente. Años más tarde, en el 2003, la misión Mars Odyssey identificó por vez primera, diminutas partículas de agua congelada, lo cual fue confirmado de manera más directa por la misión Phoenix.

No obstante, hay que concederle a Lowell el mérito de haber acertado en algo: Marte sí experimentó un evento catastrófico relacionado con el agua, que hizo que esta desapareciera por completo de la superficie del planeta rojo. Algo de proporciones colosales, sucedió en Marte, que derivó en que este mundo se secara totalmente.

Hoy por hoy, los científicos están convencidos de que hace millones de años, el planeta rojo tenía abundantes cuerpos de agua, corrientes que fluían en abundancia por todas las regiones de Marte. Lo que se presentó para que el agua de Marte desapareciera irremediablemente sigue siendo un enigma para los expertos en geología planetaria. De aquella abundancia hídrica en Marte solo queda algo de hielo en los polos y una pequeña proporción de agua en la atmósfera de Marte. Muy poco en realidad, pensando en las posibilidades de vida, tal y como la conocemos, en nuestro planeta hermano.