En octubre del 2013 se presentó una explosión en la superficie de nuestra estrella y esto derivó en una onda expansiva de vientos solares que se esparcieron en el espacio.

Tal onda de choque atravesó las órbitas de los planetas Mercurio y Venus, así como también la de nuestro satélite natural, hasta que finalmente llegó a la Tierra.

Este fenómeno solar causó una gran alteración en el campo magnético terrestre, lo cual ocasionó un impulso sonoro magnetizado en torno a nuestro planeta.

Las sondas mellizas Van Allen, lanzadas por la agencia espacial estadounidense y que se encuentran orbitando los cinturones de radiación ubicados dentro del campo magnético terrestre, midieron los efectos de esta onda de choque emitida por el Sol, de manera previa y posterior a que impactara con la Tierra.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Colorado y el Instituto de Tecnología de Massachussets, han estudiado las referencias obtenidas con las sondas Van Allen, detectando efectos inesperados y rotundos en los efectos de esta onda de choque.

Los científicos se percataron de que, el pulso magnetosónico que se presentó por el evento, que solo tuvo 60 segundos de duración, se hizo sentir reverberando por entre los cinturones de radiación de nuestro planeta, causando la aceleración de ciertas partículas a energías sumamente elevadas.

Gracias a este estudio científico, se pudo medir el efecto de una onda de choque emitida por el Sol en los cinturones de radiación del planeta, logrando captar el fenómeno desde su comienzo hasta su conclusión. Los responsables del estudio dieron a conocer sus conclusiones en la publicación Journal of Geophysical Research.

Desde hace tres años, las naves Van Allen han orbitado en el interior de los cinturones de radiación homónimos. El objetivo de este monitoreo es comprender de mejor manera las condiciones extremas dentro de estos cinturones de alta radiación, para optimizar el diseño de vehículos de exploración espacial y construir satélites de estructura más resistente.

John Foster, científico del Observatorio Haystack del Instituto de Tecnología de Massachussets, señala que la onda de choque impactó de lleno en la capa protectora del campo magnético terrestre. No obstante, en lugar de penetrar esta barrera natural, rebotó en ella, derivando en una gran ola en dirección contraria, a manera de un pulso megnetosónico.

Fue una intensa onda sonora magnetizada que se esparció hasta la región opuesta del planeta en un breve lapso temporal.