La comida cocida ha llegado a ser tan habitual, que son ya pocas las personas acostumbradas a consumir únicamente alimentos crudos. Es sencillo creer que el hábito de cocinar la comida es una práctica elemental. Pero en realidad cabe preguntarse, ¿por qué se cocinan los alimentos? ¿por qué no se les consume crudos, como lo hacen las demás especies animales, como es el caso de los chimpancés, tan similares a nosotros en varios aspectos?

Diferentes científicos han analizado la cuestión y han llegado a varias conclusiones. Algunas de ellas son que: cocinar propició un incremento de tamaño del cerebro humano; garantizó la perdurabilidad de la especie humana; fomentó la sociabilidad; favoreció la aparición de comunidades; facilitó la migración entre territorios a los hombres prehistóricos y les ayudó a identificarse culturalmente.

De acuerdo a tales teorías, buena parte del desarrollo humano se dio cuando los humanos de la prehistoria, decidieron cocinar sus alimentos. Ahora bien, para determinar si los humanos ancestrales hubieran evolucionado de la misma manera en la que lo hicieron, de haberse alimentado solo de alimentos crudos, Richard Wrangham, científico de la Universidad de Harvard, decidió asumir la misma dieta que los chimpancés que analizaba.

Wrangham se percató que nuestros antepasados primitivos, buscaban todo el tiempo la manera de recargar su energía. Y no solo le fue muy difícil alimentarse exclusivamente de hojas y frutas de sabores muy concentrados, sino que también tuvo que comer alimentos nauseabundos, como las vísceras crudas, que en ocasiones consumen los chimpancés.

El científico afirmó en una entrevista a la BBC de Londres, que difícilmente un humano puede satisfacer el apetito con esa comida cruda pues al final terminará totalmente hambriento. Así, Wrangham, comprobó, que, lo más significativo de cocer la comida, es que así podemos extraer más energía de ella. Se trata de una posibilidad muy valiosa para quienes habitan en entornos silvestres. Casi todos los animales que viven en entornos salvajes, precisan recargar su energía y todo el tiempo están en busca de fuentes para recuperarla.

Wrangham asegura que nuestros antepasados consiguieron un enorme avance en su desarrollo evolutivo, cuando cocinaron sus alimentos con fuego. Con más energía lograron tener más hijos, mejorar sus condiciones de vida y optimizar su sistema inmunológico.

Aún no se ha definido cuándo fue que los hombres prehistóricos iniciaron la práctica de cocer los alimentos. Algunos científicos consideran que pudo haber acontecido, hace unos dos millones de años. Se tiene conocimiento de restos alimenticios en torno a una fogata de hace 150 mil años y recientemente se descubrieron vestigios en África de alimentos puestos al fuego, de hace un millón de años. #Salud