Un investigador español, preparado en Hardvard, es uno de los mejores conocedores en el planeta en lo que se refiere al quitosano, material biodegradable que podría tener grandes aprovechamientos en la medicina y la industria.

El nombre del experto es Javier Fernández, quien explica que varios objetos elaborados con plástico, como los desechables, son fabricados sin tomar en cuenta su vida útil. Para solventar este problema, Fernández tiene en mente una solución para reemplazar el plástico: el quitosano.

Pero, ¿En dónde se obtiene esta extraña sustancia? Fernández comenta que tras sumergirse en numerosos volúmenes de zoología, se concentró en los caparazones de crustáceos e insectos, y así dio finalmente con lo básico para desarrollar el shrilk, un material basado en el quitosano, elemento que se encuentra en los caparazones de insectos y crustáceos, en combinación con la proteína de la seda, denominada fibroína.

El investigador menciona que la piel de los insectos está elaborada de proteínas, quitosano y en la zona más externa, una capa parecida a la cera que ofrece resistencia al agua. Al combinarse el quitosano y la fibroína ofrecen al esqueleto del insecto elasticidad en las articulaciones y rigidez en sus alas. Tomando como referencias estos detalles, Fernández elaboró el materual shrilk, que ofrece una fuerza que duplica la del plástico convencional y es totalmente biodegradable.

Pronto, numerosas empresas comenzaron a comunicarse con el investigador, al estar interesadas en utilizar este novedoso material. Por ejemplo, las firmas médicas desean usar el shrilk en soluciones para curar hernias, crear pegamentos quirúrgicos o desarrollar piel sintética. El único problema para este científico español es que, su material biodegradable, al incluir seda, volvía muy caro el procedimiento para generarlo, especialmente en un entorno industrial.

De manera que Fernández y sus colaboradores trabajaron para disminuir los costos para la utilización industrial del shrilk y a final de cuentas, halló la fórmula adecuada para desarrollar un quitosano sin seda, capaz de reproducir perfectamente sus cualidades naturales.

En última instancia Fernández asegura que no han desarrollado un material novedoso, sino más bien, valerse de la nanotecnología y la microelectrónica para reproducir la estructura y asombrosas particularidades que tiene el quitosano en los ambientes silvestres, para así, aprovecharlo en otros campos. #Animales