Era un animal prehistórico parecido a los actuales conejillos de indias, pero enorme como un búfalo y utilizaba sus colmillos para buscar alimento y como medio de defensa.

Su denominación científica es Josephoartigasia monesi. Fue el roedor de mayor tamaño que jamás haya existido en la Tierra. La apariencia que tenía no era diferente de los conejillos de indias de nuestros días, ese que tienen en casa muchas familias, pero de un tamaño increíble, casi idéntico al de los búfalos modernos. Habitó en América del Sur hace unos 3 millones de años. Recientemente científicos de la Hull York Medical School y de la Universidad de York, han revelado que esta formidable bestia se valía de sus piezas dentales frontales de la misma manera que un elefante usa sus colmillos.

El peso del Josephoartigasia monesi era de una tonelada y no era para nada dócil. El científico Philip Cox, participante del estudio mencionado, ha creado modelos de ordenador para calcular cuanta potencia podría tener la mordida de este monstruo de los tiempos prehistóricos. Cox detectó que, si bien era un mordisco de considerable fuerza -capaz de 1,400 N, es decir, equivalente a la de un moderno tigre-, los incisivos del Josephoartigasia monesi podrían haber soportado una fuerza tres veces mayor. A juicio de Cox, esto nos hace pensar que este roedor gigante usaba sus dientes frontales para otras actividades además de morder, como por ejemplo, cavar en el terreno en busca de alimento o como un medio de defensa frente a sus posibles depredadores. Esto quiere decir, que el Josephoartigasia monesi, usaba sus afilados dientes de un modo parecido a como utilizan sus colmillos los elefantes.

Publicado en el Journal of Anatomy, el estudio relacionado con el Josephoartigasia monesi, incluye el escaneo de un ejemplar y la obtención de un cráneo virtual por medio de programas de vanguardia. Gracias a estos procedimientos, y otros como los análisis de elementos finitos, los investigadores hallaron las particularidades de la dentadura de este coloso prehistórico.

Un descubrimiento relacionado con el del Josephoartigasia monesi, se dio hace tiempo, cuando otro equipo de científicos halló vestigios óseos de la rata más grande de la que se tenga registro. Era mayor que un felino doméstico y habitó en las selvas- hoy desaparecidas- de Timor Oriental, hace un millar de años. El esqueleto estaba en excelentes condiciones y nos revela que este roedor tenía la apariencia de una rata normal, aunque tenía un peso cuarenta veces mayor. El responsable del descubrimiento fue Ken Aplin, biólogo de una agencia científica de Australia.