Los humanos no pueden captar campos magnéticos, de manera natural, a diferencia de insectos, bacterias, tiburones y aves, las cuales se valen de esta percepción para orientarse. En la actualidad, la ciencia puede darnos esa capacidad que la evolución no nos ha brindado.

Y así, investigadores japoneses y alemanes han logrado crear una novedosa piel electrónica y un pequeño sensor de alta resistencia y flexibilidad que puede adaptarse a la piel de los humanos, inclusive en las palmas de las manos y que posibilita a quienes lo llevan, detectar campos magnéticos, tanto dinámicos como estáticos, cual si se tratara de un sexto sentido, adicional a los que por naturaleza tenemos.

Parecería ser algo salido de alguna historia de superhéroes, pero en efecto, estos sensores existen. Son novedosas creaciones tecnológicas diseñadas por Denys Makarov y su grupo de colaboradores de una institución científica alemana. Los sensores tienen un grosor de apenas un par de micrómetros y un peso menor a los tres gramos por metro cuadrado. Inclusive pueden sostenerse flotando en una pompa de jabón.

Los sensores creados por Makarov y su equipo son de alta resistencia, puesto que son capaces de soportar una gran flexión. Pueden estar arrugados como pedazos de papel, sin que esto afecte su desempeño, de acuerdo a lo que sus diseñadores mencionan en un comunicado.

El aprovechamiento que podría hacerse de esta tecnología para fomentar el sexto sentido humano, el magnético, sería vasto y variado. Por ejemplo, se podría navegar en la oscuridad o crear dispositivos para que personas ciegas puedan orientarse sin problemas, en espacios que cuenten con sus propios campos magnéticos.

Otro ámbito donde pueden ser provechosos estos sensores especiales, es en la instalación de prótesis e implantes, para determinar la ubicación exacta de las articulaciones, como también en aparatos diseñados para el monitoreo de la salud, de acuerdo a lo comentado a los medios, por el propio Makarov.

Se trata de sensores que pueden captar cualquier clase de movimiento, de manera que también son capaces de llevar un monitoreo de la dinámica muscular, especialmente del corazón. Pero Makarov también añade que, lo más sobresaliente de este desarrollo tecnológico, es que nos abre las puertas de un sentido adicional, a los cinco con los que ya contamos. Lo anterior podría ser el primer paso para la manipulación de objetos en espacios virtuales, sin el riesgo de deformarlos, en un entorno físico. El estudio en cuestión, fue publicado en la revista Nature Communications.