Nuestro astro brilla en el espacio, en el entorno de la Vía Láctea, lanzando partículas llenas de una corriente de plasma, a la cual se le conoce como viento solar. Este último crea una burbuja denominada "heliosfera" que abarca mucho más allá de los límites del Sistema Solar.

A lo largo de muchos años los astrónomos han pensado en la heliosfera como si fuera una extensa cola, estirándose muchas veces más que la distancia entre nuestro planeta y su estrella. La heliosfera entonces, era visualizada con la forma de un cometa.

Un estudio reciente indica que el campo magnético solar tiene un control más importante con respecto a la formación de la heliosfera de lo que se había considerado.

Un reciente modelo astronómico, planteado en la revista Astrophysical Journal Letters, propone que el campo magnético ajusta el viento solar por todo el eje norte-sur de nuestra estrella, ocasionando dos largos chorros. Estas corrientes luego son arrastradas por el flujo del entorno cósmico, es decir, el polvo y los gases que se ubican entre los sistemas estelares.

Este esquema señala que la cola heliosférica no se extiende demasiado, sino que se separa en dos chorros, de una manera parecida a la que se presenta en varias estrellas y en torno a los agujeros negros. No es un detalle astronómico cualquiera, sino que esta novedosa comprensión de la heliosfera podría tener gran relevancia para tentativas futuras de viajes espaciales.

James Drake, físico de la Universidad de Maryland, en USA, señala que podría imaginarse la heliosfera, desde este nuevo modelo, como un tubo de pasta dental con ligas de hule atadas. La pasta dental sería el plasma que brota de los chorros de viento solar, mientras que las ligas de hule serían los anillos presentes en el campo magnético del campo magnético solar.

Esta nueva perspectiva de la heliosfera fue hallada de manera accidental, puesto que el grupo de astrónomos analizó datos asombrosos de la sonda espacial Voyager 1 e intentó comprender cómo es que el campo magnético de la Vía Láctea interactúa con la llamada heliosfera. Una de las dos sondas mellizas que fueron lanzadas en 1977, la Voyager, llegó a ser el primer artefacto construido por los humanos en ir más allá de la heliosfera e internarse en el espacio profundo, lo cual se consiguió en el 2012.

Comprender mejor estos fenómenos astronómicos será indispensable para el porvenir de la exploración espacial. La heliosfera sirve de protección a nuestro sistema solar al filtrar los rayos cósmicos de las galaxias cercanas y al dejar atrás esa cubierta protectora, una nave espacial recibirá una lluvia de elevados y peligrosos niveles de radiación.