Las modificaciones en esa zona del ojo, responden a motivos de distracción, que pueden anticipar cómo el cerebro se concentra en un objeto.

Cuando alguien efectúa cualquier acción, ya se trate de responder a un examen o dar un paseo con una mascota por una calle con mucha gente, la capacidad que demuestra esta persona para desentenderse de objetos y sonidos que no le son de utilidad o interés- como las risas niños en la distancia o el rumor del lápiz al escribir en una hoja de papel-, o bien, sí atender señales que indiquen algún tipo de riesgo- la bocina de un auto, por ejemplo-, tiene mucho que ver con su capacidad de sobrevivencia.

Sin embargo, una cuestión significativa es la de saber cómo es que el cerebro valora, casi instantáneamente, cuáles distractores amerita atender y cuáles no. En este sentido, científicos de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, han estudiado los ojos de un grupo de monos para tratar de entender este mecanismo natural. Al final del estudio, los investigadores descubrieron que las modificaciones en el tamaño de la pupila podrían ayudarnos a anticipar cómo el cerebro se concentra en un cierto objeto.

Michael Platt y sus colaboradores de la institución universitaria mencionada, explica que, dónde va la mirada y los datos visuales que consigue captar, puede revelarnos mucho acerca de lo que está ocurriendo a nivel cerebral. En sus experimentos, Platt y su equipo adiestraron a varios monos para desviar su mirada hacia un objeto preciso, con el propósito de conseguir una recompensa. Mientras realizaban tal acción los animales, los científicos dispararon diversas instantáneas mostrando los rostros de otros antropoides, en los bordes de la pantalla.

Los monos encuentran de gran interés a sus semejantes y difícilmente pueden pasarlos por alto. En el caso de esta prueba científica no fue algo diferente: casi siempre los monos fallaban en el cometido de fijar su mirada en el objeto correcto, y se quedaban sin su premio porque ponían su atención en los rostros de los otros monos, principalmente si estos se mostraban emocionados o entusiasmados.

Los científicos comprobaron así, que cuando los humanos quedan en la disyuntiva de poner atención en dos objetos distintos, se activa un circuito para resolver dilemas que se localiza en un área del cerebro denominada como corteza cinglada anterior dorsal. Esta última es una porción de una parte del cerebro de mayor tamaño, encargado de controlar las emociones y la razón.

Platt y su equipo creían, en primera instancia, que esta dinámica cerebral era exclusiva de los humanos, pero al medir las actividades eléctricas de las neuronas de los monos y variarlas con la ayuda de un diminuto sensor, comprobaron que se podía activar este mismo sistema natural para concentrar la atención en un objeto preciso, también en los monos.