Aproximadamentehace unos 2.5 millones de años, los humanos primitivos lograron sobrevivir consumiendo apenas algunas plantas. No obstante, con el paso del tiempo, conforme el cerebro humano fue aumentando en tamaño, se requirió más carne y grasa para sostener ese órgano.

Lo anterior llevó a los humanos ancestrales, que no tenían los colmillos y puntiagudas garras de los carnívoros, al desarrollo de destrezas e instrumentos útiles para cazar animales y así conseguir grasa y carne en abundancia.

Este marco es el que da sentido y real relevancia a un reciente hallazgo científico. Entre los vestigios de un elefante de medio millón de años de antigüedad en una zona de fósiles del Paleolítico Inferior, en Revadim, Israel, fueron hallados objetos como "raspadores" y hachas de mano, del tamaño habitual de las herramientas utilizadas por los primeros humanos.

El responsable principal del hallazgo fue el arqueólogo Ran Barkai de la Universidad de Tel Aviv. La investigación relacionada con este estudio fue dada a conocer en la revista PLoS ONE y nos ofrece la primera prueba verificada de manera científica, de la utilización que se hacía en los tiempos paleolíticos de los instrumentos de piedra. Los resultados fueron directos: los hombres prehistóricos procesaban pieles y cadáveres de animales.

Barkai comenta al respecto de su descubrimiento que existen tres elementos básicos en este "rompecabezas" paleontológico: el creciente tamaño del cerebro humano, el comienzo del consumo de carne y la creación de herramientas para la satisfacción de nuevas necesidades alimenticias y de sustento. A juicio de este arqueólogo, el comienzo de la tecnología de piedra fue una acontecimiento esencial en el desarrollo evolutivo de la humanidad.

En suma, la práctica de fracturar rocas con el objetivo de cortar la carne de animales muertos, se proyectó como un parteaguas en la historia biológica y cultural de la humanidad.

Asimismo, otra parte del experimento implicó replicar las herramientas de piedra que fueron encontradas en el yacimiento, para efectuar cortes en laboratorio y posteriormente comparar así los efectos de las réplicas con los instrumentos prehistóricos.

Lo que descubrieron los científicos es que el hacha de mano era para los ancestrales seres humanos una especie de navaja suiza, apta para cortar y fragmentar tendones y huesos. En cambio, el raspador, objeto más delicado y delgado, se usó para quitar la grasa de la piel y del tejido muscular de los animales. #Investigación Científica