La investigación acerca una letrina de hace medio siglo en la ciudad de Jerusalén, ha permitido detectar parásitos humanos habituales en el continente europeo, pero raros en el ámbito del Medio Oriente por aquel entonces.

Lo anterior señalaría que existieron rutas comerciales o de peregrinación de gran distancia y revela detalles sobre los males infecciosos que se presentaban con más frecuencia hace quinientos años.

Los científicos hallaron pruebas de seis variedades de parásitos intestinales en una sombría fosa del siglo XV hallado en la zona cristiana de la antigua urbe de Jerusalén. Tales parásitos incluyen enormes acumulaciones de triquina y lombrices intestinales, mismas que se transmiten por la polución fecal de la comida.

Además, tales infecciones se piensa que son particulares de esa región geográfica desde que se presentó la evolución de los humanos primitivos fuera del continente africano.

Dos de los parásitos identificados: la tenia de los peces y la Entamoeba disentería, eran habituales en el norte del territorio europeo medieval, pero eran extremadamente raros o prácticamente ausentes entre las comunidades del Oriente Medio en el Medioevo.

La tenia de los peces era sencilla de hallar en el norte europeo, por la popularidad del pescado como fuente de alimento y el modo en el que se lo preparaba: con frecuencia se come crudo, en escabeche o ahumado, lo cual no elimina al parásito.

Según los documentos árabes de aquellos tiempos, en las urbes sirias del interior del Oriente Medio y en Jerusalén, el pescado no era consumido con frecuencia y cuando se lo consumía, siempre era cocinado de acuerdo a las usanzas gastronómicas de la región. Esta práctica de cocción elimina al parásito e impide que se propague.

Por otra parte, los científicos también hallaron piezas cerámicas de la Italia medieval en esa misma antigua fosa, lo cual confirmaría la hipótesis de una intensa interacción comercial o contactos religiosos entre Jerusalén y las naciones europeas desde el año 1400.

Los participantes del estudio afirman que el hallazgo de esos parásitos en la letrina indica que, o bien se ubicaba en una casa cuyos dueños eran comerciantes de Jerusalén, que fueron a Europa por asuntos comerciales y al final contrajeron los parásitos al estar allá, o bien, se trataba de un sitio de alojamiento en donde se hospedaban comerciantes o peregrinos provenientes de Europa. #Investigación Científica #Descubrimientos