Pocos días en la historia moderna de la humanidad resultan tan difíciles de olvidar como aquellos de la Segunda Guerra Mundial, cuando al final, Estados Unidos lanzó un par de bombas atómicas sobre las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki. Meses atrás, el alemán, Adolfo Hitler, señalado como el principal responsable del conflicto, intentó fabricar su propio dispositivo atómico.

Debido a su capacidad destructiva,  resulta lógico pensar sobre otro tipo de desenlace si alguna otra potencia hubiera desarrollado primero las bombas atómicas. La propia Alemania nazi buscó hacerlo y esto marca uno de los episodios más intrigantes en los anales de esta conflagración global.

El escritor Philip Ball, en un reciente libro titulado "Al servicio del Reich. La física en los tiempos de Hitler", aborda el tema y relata cómo el 16 de septiembre de 1939, un par de semanas después de que Inglaterra le declarara la guerra al régimen nazi, se supo que el Instituto Káiser Guillermo de Física se encargaría de actividades tecnológico-militares vinculadas a la economía militar.

El responsable del instituto por aquel entonces era Peter Bebye, quien recibió una carta de Hitler en donde se le instruía acerca de los objetivos científicos que tendría que seguir de ahora en adelante. Pero cuando se le ordenó a Debye cambiar su nacionalidad holandesa por la alemana, el científico se opuso y decidió escapar a los Estados Unidos, donde puso a la venta sus secretos científicos al gobierno estadounidense.

Hitler y los nazis se vieron obligados a sustituir a Debye por Werner Heinsenberg, el cual tomó bajo su cargo las investigaciones de su predecesor.

 Heisenberg  se interesó en los estudios de Otto Hahn y Fritz Strassmann, quienes en 1939 habían hallado que se podía fisionar uranio al bombardearlo con neutrones. Hitler ya tenía conocimiento de los resultados militares que se podían obtener de ello. Los nazis además de planear la fabricación de armas devastadoras, también pensaron en construir un reactor nuclear.

Así nació el llamado "Club del Uranio", organización integrada por varios miembros del Instituto Káiser Guillermo de Física, dedicado a dos metas principales: utilizar la energía atómica para crear un explosivo nunca antes visto y construir un reactor nuclear para abastecer de energía a submarinos y vehículos de combate.

Funcionarios del régimen nazi, como Albert Speer, jefe de armamentos, aun estando impresionados por las investigaciones, no quisieron invertir más recursos financieros, assí, el desarrollo de la bomba atómica de los alemanes dejó de ser un asunto militar para volverse una investigación de civiles. Mientras tanto, los Estados Unidos tomaron ventaja y en absoluto secreto, terminaron los detalles finales de su propia bomba.

Cuando el proyecto alemán murió, con el arribo de las fuerzas aliadas al último bastión del Reich, varios de los integrantes del "Club Uranio" aseguraban a estar a meses de lograr un descubrimiento que cambiaría los derroteros de la tecnología militar y la ciencia común.

Nada buena les debió haber resultado la noticia del lanzamiento que hizo Estados Unidos, en agosto de 1945, con las bombas atómicas que estos científicos alemanes soñaron construir y nunca pudieron y que definiría la derrota del régimen nazi y sus aliados.