Menores cantidades de cortisol fueron detectadas en los supervivientes de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial y sus descendientes. Una reciente investigación realizada por la Escuela de medicina de Icahan en el Monte Sinaí, de los Estados Unidos, ha descubierto secuelas biológicas en los descendientes de quienes lograron sobrevivir al Holocausto. Tales conclusiones fueron publicadas en la revista Scientific American.

De acuerdo a Rachel Yehuda, responsable de la investigación y especialista en epigenética (condicionantes no genéticos capaces de encausar el desarrollo de un organismo), los descendientes de estas personas padecen una modificación genética que disminuye los niveles corporales de cortisol.

Tal disminución del cortisol, hormona encargada de la regulación del organismo tras haber sufrido una situación traumática fue descubierta en los cautivos que soportaron las torturas de los campos de concentración nazis, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Es un fenómeno que aún no tiene explicación por parte de los científicos, pero el grupo de investigación de la doctora Yehuda halló que esta clase de individuos exhibe escasos niveles de esa enzima que degrada el cortisol.

Lo anterior derivaría de haber padecido torturas y maltratos durante largos periodos de tiempo. Por el hecho de que los organismos de estas personas no degradan el cortisol suficiente, contarían con una cantidad mayor libre, disponible para aguantar traumas y abusos cotidianos. Sin embargo, los científicos encabezados por Yehuda hallaron que los descendientes de estos prisioneros cuentan con altos niveles de las enzimas encargadas de la degradación del cortisol.

Los investigadores explican que este fenómeno se presenta desde el útero, el cual tiene altas cantidades de esta enzima, como un medio de protección para el feto del abundante cortisol del organismo de la madre. Las mujeres que superaron los sufrimientos del Holocausto, al no contar con notables niveles de la enzima, una cantidad más considerable de cortisol se transfiere al feto, lo cual, paulatinamente generará mayores cantidades de la enzima para protegerse.

Por otra parte, la investigación asegura que esos descendientes tienen predisposición a padecer hipertensión, obesidad, ansiedad y estrés postraumático. La doctora Yehuda en su estudio, consideró a un vasto número de supervivientes del Holocausto y sus descendientes, pero advierte que aun faltan investigaciones complementarias para confirmar sus hipótesis.

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