Ciertos insectos de tamaño pequeño, como es el caso de los mosquitos, pueden desplazarse con sus patas por un charco sin problema alguno. Y es que sus extremidades cuentan con adaptaciones bastante particulares, las cuales les permiten repeler el agua y flotar con libertad en ella.

Por medio del análisis de la fuerza que las patas de los mosquitos ejercen sobre el agua, científicos de la Universidad del Petróleo en China y la Tecnológica de Liaoning han indagado en el secreto que les permite a estos #Animales efectuar tan curioso prodigio.

Sin embargo, esta investigación no fue desarrollada solo por curiosidad científica u ociosidad, ya que sus resultados ayudarán a diseñar estructuras de tipo biomimético, como por ejemplo embarcaciones de vanguardia o robots acuáticos.

Un profesor de ingeniería mecánica de la mencionada universidad, Jianlin Liu, comentó al respecto que, nuestro entendimiento acerca de los mecanismos naturales de los insectos acuáticos para desplazarse sobre el agua, pueden ser profundizados con diferentes análisis.

Los mosquitos acostumbran posarse en los cuerpos de agua para desovar apenas debajo de la superficie, ya que allí eclosionan con facilidad y se transforman en crisálidas, las cuales eventualmente emergen del agua como mosquitos maduros y adultos para proseguir con su ciclo vital.

Una extremidad de mosquito está integrada por tres segmentos que están recubiertos con forma de rejilla, los cuales son hidrófobos a niveles microscópicos. El rígido fémur surge del abdomen del mosquito y se vincula a través de una articulación con una tibia también de gran rigidez. Esta última termina por ramificarse en un tarso extenso y altamente flexible.

Análisis previos orientados a estudiar la capacidad de las superficies acuáticas para soportar el peso de los insectos, habían pasado por alto el tarso, concentrándose demasiado en las extremidades enteras.

No obstante, los científicos consiguieron medir la fuerza de empuje causada por el tarso al adherir a la pata de un mosquito una aguja de acero, la cual se vinculó a un microsensor. Gracias a este recurso los investigadores pudieron ajustar la fuerza y el ángulo entre la extremidad y la superficie del agua, en tanto que tomaban mediciones con un microscopio de tipo óptico y una cámara de gran precisión.

Los investigadores hallaron que la habilidad del insecto para flotar en superficies líquidas, propicia una fuerza hacia arriba equivalente a veinte veces su peso corporal, con sus seis extremidades. Todo ello se debe por completo al contacto horizontal del tarso de cada pata con el agua.

El profesor Liu comenta que este descubrimiento deja a un lado la perspectiva convencional de que entre más larga sea la extremidad de un mosquito, de manera más efectiva se presenta el efecto de flotación.