Fragmentos de hielo marino que flotan en el Océano Ártico y los mares colindantes aumentan su tamaño en el otoño y el invierno y al derretirse disminuyen su volumen en la primavera y el periodo estival. Desde finales de la década de 1970, los satélites dedicados al monitoreo de esta dinámica han captado una drástica reducción de la capa de hielo ártica.

Expertos como Linette Bosivert de la agencia espacial estadounidense, desean averiguar de qué modo está coadyuvando este fenómeno a que el Ártico se vaya transformando en un entorno más húmedo y cálido. Un modo de saberlo es observando el equilibrio energético en la superficie del mar. Las zonas oceánicas sin hielo absorben más calor solar y al aumentar su temperatura hacen que se incremente la humedad más cercana a la superficie.

En el momento en que la humedad de la superficie es más considerable que el aire que la cubre, tal humedad se libera a la atmósfera. El agua, al hallarse en forma de vapor, genera un efecto invernadero que propicia un calentamiento más notable y por ende una mayor pérdida de hielo.

De acuerdo a Bosivert, es factible que el aire seco y frío procedente del norte o de la zona de Groenlandia, se desplazara a esta área de hielo fragmentado. Este fenómeno a su vez podría haber motivado una gran evaporación de agua. Todo este vapor de agua adicional en el aire, en combinación con el aire helado, se condensan en grandes nubes bajas.

Esta clase de nubes tienen notables implicaciones para la estabilidad energética del Ártico. Las nubes son tan transparentes como para dejar que la radiación de onda corta cruce por entre la superficie. Pero esto también ayudaría a prevenir ciertas radiaciones de onda larga desde que escapa de la superficie. Bosivert opina que esta dinámica podría derivar en un más considerable aumento de la temperatura y por lo consiguiente un derretimiento más acentuado del hielo en el mar.

La investigación emprendida por Bosivert y su equipo de colaboradores es de gran importancia, en un entorno de creciente interés acerca de las consecuencias del calentamiento global y la desaparición del hielo en los polos. Se calcula que en menos de un siglo varias ciudades costeras podrían hallarse en riesgo por este fenómeno. #Investigación Científica