Un grupo de investigadores dedicados a analizar las particularidades de un relativamente joven cráter de Marte, ha hallado huellas de que agua del más reciente millón de años. Las conclusiones de este estudio han sido dadas a conocer en la revista 'Nature Communications'.

El trabajo realizado por estos científicos ha servido para delinear una perspectiva más compleja acerca del más reciente ciclo del agua marciano y puede tener gran importancia en las futuras búsquedas de vestigios biológicos en este mundo vecino.

El cráter analizado, denominado Istok, cuenta con accidentes geológicos bastante definidos. Por el hecho de ser bastante ‘joven’, de aproximadamente un millón de años de antigüedad, a lo mucho, la totalidad del material rocoso que de esos barrancos ha sido tallado luego de ese tiempo.

Para determinar si esas huellas geológicas en Marte eran húmedas o secas, los expertos se ha valido de las referencias conseguidas por la cámara HiRISE del Orbitador Mars Reconnaissance (MRO) de la agencia espacial estadounidense. Utilizando esos materiales gráficos los científicos han realizado un mapeo muy preciso de los barrancos, incluso elaborando un modelo tridimensional. Luego estas imágenes fueron comparadas con áreas con laderas esculpidas en nuestro planeta.

De esta manera, los expertos de la NASA consideraron que había muchas probabilidades de que las acumulaciones de escombros hubieran incluido un porcentaje del 20 al 60 por ciento de agua, para tallar las rocas como se muestran actualmente. Así también, al parecer fue un evento que se repitió frecuentemente en el territorio marciano, ya que se han identificado esta clase de ‘toboganes’ aparecidos en lapsos- de acuerdo a los registros geológicos- de una década a un siglo. Todo lo anterior ha sido explicado a detalle por el responsable principal de la investigación Tjalling de Haas, científico de la Universidad de Utrecht.

Esta clase de eventos fueron equiparados por Tjalling de Haas y su equipo con la tasa de flujos húmedos de escombros geológicos en las regiones más secas de nuestro planeta, como por ejemplo, el área desértica de Atacama. A juicio de Haas las consecuencias de su investigación son bastante sólidas.

Lo que resta por investigar, de acuerdo a este científico, es si el cráter Istok se perfilaba como un extraño oasis en un planeta rojo más bien seco, o si era habitual encontrar esta clase de entornos húmedos en el Marte ancestral. Como quiera que sea, las conclusiones de este estudio tienen una gran relevancia para las posibilidades de que se hubieran desarrollado formas de vida microbiana en Marte en los últimos millones de años, e incluso para que aún sobrevivan en alguna parte de este mundo vecino.

El estudio señala en una de sus conclusiones que en nuestro planeta, si uno observa agua líquida, puede predecirse con una certeza casi absoluta que hallará evidencias de vida. Sin embargo, no se ha determinado aún si en Marte se presenta esta misma circunstancia.

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