Anunciada como una de las grandes obras de los últimos tiempos en lo que a infraestructura, tamaño y capacidad de operación se refiere, el nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, presenta desde su nacimiento múltiples anomalías que lo hacen estar en el ojo del huracán constantemente.

 

El debate constante entre la opinión pública, lo mantienen como una obra que será constantemente observada y cuestionada.

 

Aún cuando no se cierra todavía y está actualmente en operación el Aeropuerto Benito Juárez, ya están en disputa los terrenos entre el #Gobierno Federal y el Gobierno del Distrito Federal.

 

El nuevo proyecto del Aeropuerto será construido en una zona de riesgo del antiguo Lago de Texcoco.

 

Uno de los factores que deberán de tomarse en cuenta, es que debido principalmente a las cualidades y características del suelo, el construir está obra en estos terrenos, puede llegar a ser de alto riesgo al ser un área que no presenta la suficiente dureza física para soportar el constante uso, despegue y aterrizaje de naves de alto tamaño y grandes dimensiones.

 

Estás tierras tienen un origen lacustre, que se remonta a los primeros pobladores prehispánicos. El suelo de Texcoco posee todavía un alto nivel de salinidad y su característica húmeda y erosiva, provoca un hundimiento gradual no apto para la construcción civil.

 

Muestras de este tipo de terreno, lo tenemos constantemente a la vista en las construcciones del primer cuadro de la Ciudad de México, que demuestran hundimiento, grietas y deterioro debido al tipo de piso. Para ejemplos podemos nombrar al Palacio de Bellas Artes.

 

Estos son los resultados de comparten Arón Jazcilevich Diamant, Investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera, así como Christina Siebe y Elizabeth Chávez investigadoras del Instituto de Geología de la UNAM.

 

Otras conclusiones que presentaron, es la referente a que estos terrenos provocan daños a la salud de los habitantes cercanos a la zona de Texcoco, debido a la acción del viento que transporta partículas provocadas por el desgaste de las rocas, provocando con ello un medio de contaminación ambiental.

 

Además el Bordo Poniente, localizado dentro de esta zona federal, reúne en una planta de composta los residuos orgánicos generados en el Distrito Federal, lo que al momento de utilizarse estos terrenos, será necesario localizar otras zonas en donde se reubiquen estos residuos incrementando así, los problemas de contaminación.

Estos terrenos podrían aprovecharse para generar nuevas tecnologías de energía a través de los residuos que procesan las plantas de composta para obtener electricidad. Dichos beneficios alcanzarían a cubrir a la Ciudad de México, Puebla, Toluca, Cuernavaca y Pachuca, comenta Arón Jazcilevich quien es además integrante del Departamento de Ciencias Ambientales.

                                                                                                                

Como sociedad únicamente nos resta observar como se manejan las licitaciones correspondientes, ya que el respeto a la #Ecología nunca ha sido considerado en las altas esferas de las negociaciones entre empresarios ganadores del proyecto y el gobierno federal.

 

¿Acaso no sería posible utilizar y provocar un cambio y desarrollo económico importante utilizando la ya instalada infraestructura aeroportuaria aledaña a la ciudad de México como son los Aeropuertos de Toluca, Puebla y Querétaro?

 

¿Porqué no utilizar como en otros países del mundo, un Aeropuerto Internacional y otro para vuelos nacionales? En este caso tenemos 3 fuertes posibilidades de desarrollo que bien podrían ser polo de crecimiento a niveles estatales generando mayor riqueza e inversión a sus comunidades.

 

¿Porqué nuestras autoridades se aferran a la idea de concentrar todo el poderío económico en una sola zona, siendo que el transito de vehículos es cada vez más conflictivo en la deteriorada y secuestrada Ciudad de México? #Aviones