Un estudio realizado por científicos de la Universidad de California y del SETI (organismo para la búsqueda de inteligencia extraterrestre) concluye que la aplicación de la ley de Zipf (*), así como las herramientas matemáticas proporcionadas por la clásica teoría de la información de Shannon, son suficientes para construir algoritmos que constituyen una "simple primera herramienta" que puede utilizarse para distinguir de un conjunto de señales recibidas de una fuente extraterrestre su "sintaxis" o "contenido inteligente", a modo de "filtro de inteligencia".

La idea del estudio ha sido intentar aprovechar las comunicaciones "no humanas" (entre animales) de la Tierra, para aprender acerca de los posibles sistemas de comunicación extraterrestres (ETI), de forma similar a lo que sucede en astrobiología con el estudio de los extremófilos vivientes terrestres que den pistas en la búsqueda exobiológica.

El estudio comenzó con la selección de las especies terrestres poseedoras de un comportamiento socialmente complejo, tales como delfines mulares, ballenas jorobadas y monos ardilla.

Las herramientas que se eligieron fueron métodos de clasificación de la señal, y las matemáticas de la teoría de la información de Shannon que cuantifican la cantidad de información, en bits, habida en la comunicación entre individuos.

También se aplicó la relación lingüística conocida como "ley de Zipf" que parece ser una condición necesaria aunque no suficiente para las comunicaciones complejas. Tal relación da la frecuencia de ocurrencia de los diferentes tipos de señal. La ley de Zipf se aplica a muchos tipos de sistemas, y un sistema de comunicación también debe tener esta distribución para las relaciones complejas entre las señales. En los lenguajes humanos esto representa la "sintaxis" en el sentido de las reglas ortográficas y gramaticales.

Pues bien, los delfines mulares adultos obedecen a la ley de Zipf, una especie de "sintaxis" dentro de su sistema de comunicación. Pero, ¿por qué existen tales sintaxis?... La razón es que la sintaxis permite la recuperación de errores en la transmisión, lo que supone un valor de supervivencia. (En el caso humano, por ejemplo, la recuperación de un manuscrito mal copiado puede ser facilitada por el uso de las reglas de ortografía).

Se encontró que ni los bebés humanos, así como el bebé delfín mular no sigue la ley de Zipf, pero sí a los 2 años, al adquirir el "lenguaje" adulto.

La aplicación de la ley de Zipf a fuentes estelares como púlsares indica que sus señales no obedecen a la ley de Zipf. Por contra, el lenguaje de las ballenas jorobadas posee la suficiente "sintaxis" para la recuperación de las mutuas comunicaciones que habían perdido hasta un 40% del contenido de la señal (en este caso debido al ruido de los barcos). Estaríamos, entonces, ante una comunicación inteligente, poseedora de muchas "reglas" que interconectan señales de diversos tipos, maximizando así la recuperación de errores.

Por consiguiente, la aplicación de este método a una señal ETI, mediría el grado de complejidad de la comunicación, lo que proporcionaría una primera y simple herramienta, a modo de "filtro de inteligencia" en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI).

(*) Ley de Zipf.

En lingüística, la frecuencia de palabras en el lenguaje sigue el patrón estadístico:

p(f) proporcional a f elevado a B

B es el exponente de Zipf, que tiene valor positivo.

La ecuación anterior muestra una línea recta cuando se dibuja la probabilidad p(f) en una escala logarítmica. #Investigación Científica #NASA