El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) causante del SIDA es capaz de llevar a la muerte del paciente en pocos años si no se lleva tratamiento alguno. En 1987 surgieron los primeros tratamientos capaces de reducir la progresión de la enfermedad en los afectados mediante la aplicación de determinadas sustancias antivirales. Actualmente, los afectados pueden llevar una vida prácticamente normal siempre y cuando no dejen de tomar la medicación, que ha quedado reducida a la toma diaria de una pastilla en la que se concentran diversos componentes activos, como los HAART (highly active antiretrovirals) los cuales, aunque no supongan una cura definitiva, al menos impiden el desarrollo de la enfermedad.

No obstante, todavía queda mucho que hacer pues lo deseable es conseguir la cura definitiva para que los afectados no tengan que depender de por vida de una medicación diaria no exenta de efectos secundarios (diarreas, vómitos, diabetes, daños permanentes en hígado, alteraciones del corazón, etc.).

Además, dada la alta capacidad de mutación del virus, hay que estar continuamente investigando para encontrar nuevos antivirales. Estos inconvenientes requieren la utilización de nuevos tratamientos que se puedan aplicar combinados o no a los actuales. En este sentido, hay investigadores que están apostando por la terapia génica la cual contiene en potencia un abanico de posibilidades en teoría tan simples que hacen pensar cómo que no se ha avanzado antes en esa dirección.

La terapia génica consiste básicamente en la introducción de un gen controlado por un promotor en células somáticas, de tal modo que debe transcribirse en las células diana en niveles adecuados. Según esto, si introdujéramos un gen que hace a las células resistentes a la infección por VIH podríamos controlar o curar la enfermedad.

Para entender un poco mejor lo que se acaba de proponer hagamos un breve recordatorio del modo de actuar del virus del #SIDA: Éste, se introduce en los linfocitos CD4 provocando una disminución lenta, pero progresiva de los mismos. Los linfocitos se encargan de defendernos de diversos tipos de infecciones, sobre todo de aquellas en que los microbios se introducen dentro de nuestras células. El virus presenta en su superficie la glucoproteína gp120, que interacciona perfectamente con la proteína CD4, permitiendo de este modo la conexión con el linfocito seguida de incorporación en él. Cuando el número de las células CD4 es inferior a 200 por mm3, la situación se vuelve muy grave para el paciente. #Salud #Curas de enfermedades