Todos nacemos iguales. Entramos al mundo con un completo desconocimiento del mismo. Esto hace que las personas ya adultas se dediquen a trabajar en actividades que dependen de los antecedentes familiares y las circunstancias en las que se desarrollaron.

En un mundo, cada vez más competitivo, tener una formación que permita evaluar la información que recibimos para hacer un uso provechoso de ella o adaptarla a nuestro entorno es una ventaja estratégica.

Aunque una persona no se dedique a la #Ciencia, el lograr algún tipo de especialidad lo hace más competitivo, productivo y le brinda la capacidad de abordar problemas de una manera que - sin una formación especializada - no podría hacer.

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En mundo laboral cada vez más exigente, la capacitación y habilidades científicas básicas son cada vez más necesarias. Las habilidades científicas deben adquirirse continuamente durante nuestra vida.

Pero la #Educación formal no es suficiente para generar una cultura científica. La educación formal infiere sólo un 5% del conocimiento científico de la población. El resto se adquiere por vías como el entorno familiar y social, la lectura de libros, revistas, periódicos, y a través del acceso a medios audiovisuales como radio, televisión y más recientemente el internet. La difusión por estas últimas vías resulta por lo tanto crucial.

Muchos jóvenes usan solamente sus “Smartphones” como fuente de información, ya que la mayoría de las personas ni siquiera tiene una licenciatura por diversos motivos, siendo el principal el económico.

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En México sólo 16% de la población cuenta con alguna licenciatura. Esta cifra es muy baja. Esto hace que la cantidad de personas que pueden dedicarse a la ciencia sea limitada. De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) menos de un millón de personas cuenta con estudios de posgrado, esto es menos del 1% de la población.

Hacia la formación científica

Para generar en las personas una cultura científica, sobre todo en nuestros hijos, debemos de exponerlos a materiales apropiados que les aporten conocimiento de las causas y soluciones de problemas. Al principio problemas cotidianos, ya que las personas no conocen la ciencia.

Poco a poco se debe de ir avanzando hacia contenidos más especializados, de acuerdo al camino que la persona haya elegido para su vida. Debemos de estar listos para recibir y contestar sus cuestionamientos para explicarles de manera apropiada o guiarlos hacia una posible fuente de información.

Hasta los deportistas se ven beneficiados cuando adquieren conocimientos científicos de sus actividades, por ejemplo pueden programar sus entrenamientos, descanso y dieta para mejorar su rendimiento en el deporte.

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En los juegos olímpicos recientes, ha sido claro que los deportistas que recurren a la ciencia para mejorar sus entrenamientos son aquellos que logran las mejores marcas e incluso rompen récords que se consideraban imposibles de vencer.

Durante su formación científica, la persona debe de adquirir la capacidad a autoevaluarse y a aceptar puntos de vista diferentes. Es como cuando en el deporte aprendemos a aceptar la derrota, lo cual nos indica que debemos mejorar para seguir avanzando.

Esto debido a que - durante la experimentación - es muy importante seguir observaciones inesperadas y darse cuenta de que las interpretaciones obvias pueden ser racionales pero incorrectas. Por ejemplo, muchas personas por su analfabetismo científico siguen creyendo que el sol gira alrededor de la tierra o que los humanos convivieron con los dinosaurios.

Se debe de aprender a seguir resultados inciertos. A veces se tiene una cierta expectativa del resultado de una investigación científica y es natural sentirse bien cuando se acierta. Pero esto puede ser un error. Lo que se debe buscar son los resultados que no se pueden explicar con anticipación, ya que su estudio es lo que permite hacer descubrimientos importantes.

Podemos concluir que un científico se hace y que su conocimiento es tan provechoso como el mismo lo haga. Por ejemplo, en las empresas a veces se comete el error de no invertir en el conocimiento y en personal calificado. Esto tiene como resultado una pérdida económica, que puede llegar a ser hasta 10 veces mayor que el haber invertido en personal calificado desde un principio, con un conocimiento científico básico.

Para terminar tomaremos las palabras de Medawar de su libro consejos a un joven científico “La carrera científica tiene amarguras y frustraciones pero también grandes goces y recompensas y resulta una actividad fascinante”. Inculquen en sus hijos la cultura científica y generaremos una mejor sociedad y civilización.