Hace unos días nos enteramos de que subimos a la cima del podio en uno de esos rubros en los que a nuestro país se le da bien destacar desde hace algunos años: México tiene hoy el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años.

La violencia comienza en casa

Las causas son muchas, pero hay una evidente: la violencia contra ellos es normal. Y comienza en casa. Donde los padres consideran su derecho e incluso su deber propinarles castigos físicos. Es que no nos estamos enterando, quizá porque no queremos saberlo todavía, pero la ciencia ya lo comprobó: pegarles nunca fue buena idea.

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La semana pasada El Universal se encargó de recordarnos cómo eran los castigos físicos contra los niños en la época prehispánica, cuando a los niños se les punzaba la lengua con espinas de maguey si decían mentiras o todo el cuerpo si robaban algo a sus padres, o eran amarrados de brazos y piernas y dejados a pasar la noche sobre tierra mojada e incluso se les pegaba con ortigas si desobedecían.

Terminaban la pieza de vídeo señalando que actualmente se les pega con una chancla o se les impide salir a jugar. En ese tono, que minimiza el "chanclazo" y lo coloca como una medida condescendiente frente a las de otras épocas, florecieron sin pena las opiniones que añoraban los tiempos de mayor violencia en los castigos. A juzgar por una gran cantidad de comentarios, muchos piensan que no pegarles más es la razón por la que “ahora son más malcriados”.

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No que ahora pasen más tiempo con los medios digitales que con sus padres, no que ahora consuman violencia en todas partes, no que ahora estén más aislados, sino que ahora se les pega menos. Eso piensa un gran porcentaje de la población.

Los golpes, antes y ahora

De la época prehispánica hasta ahora, muchas ideas cambiaron al evolucionar el conocimiento sobre el comportamiento humano en general. Pero no hace tanto que comenzaron a cambiar radicalmente, fue apenas en los años ochenta. Y hasta hace algunos años era común que psicólogos, educadores, pediatras y expertos en conducta infantil recomendaran cómo y cuándo pegar a los niños.

Algunos hablaban de una ventana de edad para hacerlo (no antes, no después), que según el autor iba de los 5 a los 10 años. Hacían hincapié en no insultarlos ni gritarles al hacerlo, en no hacerlo con rabia, en hacerlo sobre partes del cuerpo específicas (nalgas y manos, sobre todo).

Pero hace poco, la marca de pañales Dodot nos mostró –a los que no nos habíamos dado cuenta- cómo ha cambiado la información y por tanto la percepción que la opinión pública más activa tiene sobre el tema.

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La marca publicó en su sitio en español un artículo en el que la pediatra estadounidense Suzanne Dixon proporcionaba pautas sobre cómo pegar a niños a partir de los 2 años y aclaraba: "Con la palma de la mano, en los brazos, las piernas o las nalgas". Fue el público español, primordialmente, el que reportó el artículo hasta que la marca tuvo que retirarlo de la web y colocar una disculpa.

España es uno de los pocos países donde golpear a los niños de la manera que sea es delito. Según la UNICEF, el 80% de los padres del mundo golpea a sus hijos y el 90% de los niños del mundo vive en países donde la violencia contra ellos es legal, es más, no se considera violencia, sino “castigo físico” y se le considera educación. Pero en los últimos años los estudiosos del tema y los científicos del área nos están diciendo lo siguiente:

  • Las personas que han sido castigadas físicamente tienen una probabilidad muchísimo mayor de tener problemas de salud mental.
  • Los niños que han sido azotados tienen más probabilidades de convertirse a la larga en delincuentes o inadaptados sociales.
  • Incluso las cantidades más mínimas de golpeo a niños pueden derivar en una probabilidad mucho mayor de que se comporten de forma asocial.
  • Los adultos que han sufrido maltrato en la niñez corren mayor riesgo de desarrollar comportamientos sexuales de alto riesgo y/o presentar embarazos no deseados y son más propensos al consumo indebido de alcohol, tabaco y drogas.
  • Pegarle paraliza la iniciativa del niño, limitando su autonomía y su capacidad para resolver problemas.
  • Les enseña la actitud actitud violenta como un modo válido para resolver conflictos. Les enseña a brincarse el diálogo y la reflexión, dificultando que comprendan las relaciones causales entre su comportamiento y las consecuencias.
  • Daña su autoestima. Genera sensación de minusvalía y a veces de autodesprecio y promueve expectativas negativas respecto a sí mismo.
  • Les enseña a ser víctimas. Contrario a lo que muchos creen (“se va a hacer más fuerte”), lo que ahora se sabe es que no solo no les hace más fuertes, sino más proclives a convertirse repetidamente en víctimas.
  • Entorpece su aprendizaje y el desarrollo de su inteligencia, sus sentidos y su emotividad.
  • Les lleva a sentir soledad, tristeza, y abandono. Eventualmente sentirán también rabia, rencor, y ganas de alejarse de casa.
  • Crea obstáculos en la comunicación padre-hijo y daña los vínculos emocionales entre ambos.
  • No aprende a cooperar con las figuras de autoridad, sólo a someterse a las normas o a transgredirlas. También los vuelve más desafiantes y rebeldes a la larga.

Y la lista sigue. Y las evidencias ya abundan. Pero, por fortuna, así como se ha avanzado en descubrir la verdadera utilidad de pegarles a los niños, también se ha avanzado mucho en el estudio de técnicas y estrategias alternativas para educarlos.

Hay, por ejemplo, una nueva oleada de autores exponentes de lo que se ha llamado “#crianza positiva” o “disciplina positiva” que han desarrollado mucho material confiable al respecto. Un niño no es un tamagochi que podamos “echar a perder” para luego comprar otro. Así que si uno ya decidió traer al mundo a un ser indefenso que depende de nuestras acciones, lo menos que puede hacer es tomarse el tiempo de aprender cómo hacerlo correctamente, tan bien como el conocimiento de nuestra época lo permita.

El estudio y sus conclusiones

1. Conclusión del estudio realizado por la epidemióloga Tracie Afifi de la Universidad de Manitoba (Canadá) y publicado por la revista científica Pediatrics. La investigación señala que entre el 2% y el 7% de los problemas mentales tiene su origen en los abusos físicos que los pequeños reciben durante su infancia.

2. Estudio realizado en 2002 por E.T. Gershoff de la Universidad de Columbus, Ohio.

3. Conclusión de dos estudios realizados en 2004: el primero, por Andrew Grogan-Kaylor de la Escuela de Michigan de Trabajo Social y el segundo, de Eric P. Slade y Lawrence S. Wissow de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad John Hopkins. #maltrato infantil #educacion y disciplina