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En este momento de nuestra historia vivimos un fenómeno alarmante del cual se hace cada vez más difícil tener una discusión serena y equilibrada, puesto que son muchos los factores que entran en juego —datos científicos, criterios religiosos, análisis sociológicos, aspectos éticos, consideraciones políticas e interpretaciones jurídica— y que hacen de esta realidad un fenómeno bastante complejo.

Por otra parte, se trata de un tema que afecta a valores primordialmente humanos, y que despierta de inmediato profundas reacciones afectivas fácilmente comprensibles: se trata del tema del aborto, que está presente en nuestra sociedad desde hace varios años, pero que a raíz de la polémica desatada por la llamada Ley Robles, publicada en el año 2002 en el entonces Distrito Federal, y que posteriormente sirvió de base para las legislaciones similares en más Estados del país, alcanzó su finalidad: la de despenalizar la práctica del aborto y en varios casos, ha adquirido un renovado interés.

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A continuación se expondrán diversos aspectos de este punto: el jurídico, biológico, ético e incluso religioso, para tratar de esclarecer las dudas que existen sobre dicho tema y presentar de argumentos válidos que den bases a los lectores para formarse un criterio al respecto.

Los comienzos de la vida humana

El descubrir cuando un ser humano ha iniciado propiamente su existencia, ha sido una preocupación no de nuestros días solamente, sino que ya desde tiempos antiguos se ha planteado dicho cuestionamiento, la respuesta que se dé es de vital importancia para el tema que nos ocupa, ya que de ella dependerá el que se hable o no de un atentado contra la vida humana. Lo que nadie niega, porque hacerlo sería ir contra la evidencia de la genética es que la vida nueva que comienza en el útero materno, por la fusión del óvulo y del espermatozoide, es de la especie humana; lo cual indica que de esa realidad microscópica y aparentemente insignificante no va a nacer ni una planta ni un animal, sino que dará lugar a un ser humano, cuya individualidad, si bien no plenamente desarrollada aún, se encuentra ya marcada de forma importante en ese instante primero.

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Es cierto que la ciencia médica y sus diversas ramas auxiliares, sobre todo la Embriología, precisa cada día con más rigor el desarrollo del embrión humano desde su concepción hasta su nacimiento, esto nos lleva a concluir que si la ciencia determina que en un tiempo concreto se configura el cuerpo humano y que muy pronto goza de algunas sensibilidades propias de su condición humana, entonces, abortar es matar un cuerpo humano con características muy precisas y la ciencia misma entiende por matar a una persona, el eliminar un cuerpo humano, sea de la medida que sea, ya que no es precisamente por el tamaño por lo que se define a la persona humana como tal.

La cuestión que se presenta es ver si el feto en gestación tiene ya la cualidad de persona humana, lo cual queda aclarado si se observa que el feto tiene ya un código genético diferente al de la madre, lo cual queda patente desde el momento mismo de la concepción, por lo que ya el feto en cuestión es ya un individuo de la especie humana, dotado de una identidad personal, incipiente y primaria si se quiere, pero identidad personal al fin y al cabo; por lo que eliminar ese feto es eliminar a un individuo de la especie humana.

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Para entrar de fondo en las controversias que se han suscitado referentes a este tema tan polémico, brevemente expondremos algunos puntos de vista que nos ayudarán a comprender los aspectos más importantes de este problema.

1. Una visión estrictamente jurídica y legal

Desde el punto de vista jurídico tenemos por cierto que todo individuo tiene el derecho de ser defendido por la ley, y que de todos los derechos que poseemos, el derecho a la vida el más importante de todos.

Esto que parece tan obvio y tan fundamental, es olvidado por quienes alegan que el feto no es persona humana y basados en ello argumentan que hasta el momento de nacer ningún ser alcanza ya el estatuto de persona y que por lo tanto no tiene aún el derecho de ser defendido por la ley; lo cierto es que una larga tradición jurídica, emenada del Derecho Romano reconoce al que ha de nacer como si ya hubiera nacido, para todo aquello que pudiera serle favorable y beneficioso. Lo cierto es que mucha de las complicaciones que se dan en el terreno legal sobre este punto brotan de la ambigüedad de términos, misma que es aprovechada por quienes están a favor del aborto y hacen de las lagunas jurídicas existentes armas eficaces para apoyar sus propuestas.

Perspectiva socio-psicológica

La dimensión humana no queda configurada por determinados datos biológicos sino que solo existe en el mundo de las relaciones humanas y personales, es decir, un ser no se hace humano por el tamaño de su cuerpo o por el desarrollo de su corteza cerebral, mientras no se den aquellos elementos de acogida y aceptación que son los que fundamentalmente otorgan ese carácter; siendo así, si un embrión no es recibido en tales circunstancias, en este punto de vista, no podría ser considerado humano y si no ha alcanzado un cierto desarrollo anatómico en su evolución, tampoco; ya que aún no es un sujeto capaz de entablar una relación afectiva.

2. Desde el punto de vista biológico

1. Actividad cerebral: Se ha querido ver a la actividad cerebral como el inicio de la vida propiamente humana, ya que el inicio de la actividad del cerebro es el indicio inequívoco de que el ser en cuestión ya ha superado la etapa puramente vegetativa y alcanza ya el estatuto de persona humana.

2. El momento de la fecundación: En este punto es donde se dan la mayor parte de las objeciones y de las dudas en torno a que si el embrión es o no un ser humano, por lo que es aquí donde radica el punto clave de la defensa de la vida humana desde su concepción. Lo que sí es básico es decir que no se puede pensar que exista una línea divisoria entre el ser y el no ser humano, esto porque no sería lo justo «romper el maravilloso y admirable proceso del embrión, que haría de un antes una realidad puramente biológica y un después que le introdujese de inmediato en la vida del hombre»

Al respecto cabe decir que en le proceso de evolución que experimenta el embrión no hay saltos cualitativos que pudieran justificar el que, en algún momento, se le pudiera considerar infrahumano, sino que lo que se observa es el aumento cuantitativo que prosigue aún después del nacimiento; por lo que, si bien el ser que está en le vientre materno no es una realidad plenamente humanizada si es verdad que comienza a serlo.

Desde el primer momento se ve en el embrión una capacidad de desarrollo-superación, lo cual le reafirma su cualidad de persona humana y le otorga una dignidad que merece ser respetada; por tanto, desde el momento de la fecundación, cuando el espermatozoide y el óvulo se unen para dar lugar a un nuevo ser, éste es un ser humano, no es algo, o como desdeñosamente se ha dado por llamar en ciertos ambientes médicos, no es un «producto», es alguien, es decir, es una persona. Al respecto me permito citar un comentario que me parece sintetiza perfectamente este punto de vista: Desde el momento de la fecundación del óvulo queda inaugurada una nueva vida que no es del padre ni de la madre, sino de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. No llegará a ser nunca humano si no lo es ya entonces.

  1. El problema ético: motivaciones para el aborto

El aborto eugenésico se da cuando, dados los actuales avances médicos, se ha detectado, desde el vientre materno alguna anomalía congénita que prevé el nacimiento de un ser anormal, por lo que se utiliza el argumento de querer liberar de una existencia desdichada a una criatura para justificar el aborto.

Aunados a éste, están los que el embarazo representa una seria dificultad para la vida social de la mujer, ya sea porque trae consigo inconvenientes demasiado graves para la familia o porque se prevén condiciones de vida demasiado difíciles para el niño; junto a estos casos podemos mencionar a los llamados «hijos no deseados», producto ya sea de una violación o de una relación fuera del matrimonio, los casos en los que la manutención económica o el ambiente familiar pueden ser un problema prácticamente insalvable que, tarde o temprano, dificultará el desarrollo normal del niño.

La objetividad y la jerarquía de valores

En todos y cada uno de los casos presentados nos presenta un grave problema moral: la búsqueda de una valor —salvar la vida o la salud de la madre, defender la fama o la aceptación social, protegerse de un grave problema social o económico, evitar una descendencia anormal o una maternidad injusta— solo podría conseguirse con la interrupción del embarazo; y si se llega a optar por mantener la vida del ser concebido como un valor importante, aquellos otros no se conseguirán. La cuestión está en dejar bien claro cuál es el valor más importante y cual es el que ha de mantenerse por encima de todo.

  1. El problema jurídico: tolerancia civil y exigencias morales

En este punto se impone una distinción fundamental entre lo legal y lo ético, que en teoría deberían identificarse pero que en la práctica, en múltiples casos no es así; ya que no todo lo que permite y tolera la legislación civil tiene que ser aprobado por la moral, así como tampoco todas las exigencias éticas quedan sancionadas por el derecho y no por el hecho de estar jurídicamente permitido por ello es lícito. En el caso del aborto las posibilidades legislativas se reducen a tres:

1. La absoluta liberalización: Es decir, el derecho al aborto, un ideal propuesto por algunos grupos radicales que no aceptan ninguna reglamentación, lo que pretenden es la absoluta eliminación de trabas para que una mujer pueda abortar cuando y por los motivos que a ella le parezcan oportunos.

Alegan que ninguna ley tiene el derecho de prohibírselo pues «su vientre le pertenece» y es ella la única responsable de lo que hace con el fruto de sus entrañas. Lo que la ley civil tiene que ver antes de proceder a un paso semejante es que no se puede dejar el camino absolutamente libre a la voluntad privada, sin ninguna clase de regulación la respecto, ya que ello supondría un abandono de sus obligaciones sociales y un desinterés excesivo frente a la arbitrariedad y el egoísmo de las personas cuando no defiende ciertos derechos que debería proteger.

Lo cierto es que cuando la ley civil no se identifica con la ley moral está condenando a muchos valores y actitudes humanas a desaparecer de la sociedad, por lo que permitir actos como el aborto, no da a la sociedad un mayor grado de civilización y progreso, sino que una sociedad así perdería por completo su dimensión racional y civilizada.

2. La tolerancia en determinadas situaciones: Consiste en tolerar el aborto en algunas situaciones límites y conflictivas, se afirma que este es el medio para acabar con los abortos clandestinos, de los que se culpa a la legislación prohibitiva; dicen que la prohibición legal es una injusticia para los pobres, que tienen que cargar con la presencia de un hijo que quizá no desean o a quien no pueden darle una vida y educación dignas.L

3. La penalización absoluta del aborto en todos los casos: se trata de la prohibición tajante, plasmada en una legislación absolutamente contra el aborto, siempre y en todos sus casos y modalidades, oponiéndose a su #Legalización o despenalización.

De acuerdo con lo ya presentado, lo ideal sería la prohibición absoluta de cualquier atentado contra la vida, en conciencia y en favor de la vida busquemos buscando levantar la voz por los que no pueden hacerlo, en defensa de sus legítimos #Derechos Humanos.

Es preciso que, como conclusión, invitemos a todos a concientizar el papel que todos jugamos en este esfuerzo común a todo ser humano racional, para ser agentes que promuevan la vida, entendiendo que no se puede ser amigable con nadie sino lo somos primero con nuestra propia especie. #mujeres