Primer tiempo: pretemporada 2014-15

“Antes: fiestas, amigos, alcohol y viejas, muchas viejas”, Ricardo sonríe cómplice, luego se pone serio, apenado. “Pues luego andar con muchas mujeres es malo, te contagias de una infección”, aclara. Le dicen ‘el Pino’ y es de la colonia Pensil, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad; juega con el equipo de futbol Ángeles de la Ciudad. “Este equipo cambió mi forma de vida, dio un giro completo de 360 grados”, afirma con seguridad; recuerda que antes nunca había pensado en volverse futbolista de Primera División, su sueño hoy en día. “¿Cuál era antes tu sueño?” le pregunto, pero no responde, piensa y se encoge de hombros, probablemente no tenía ninguno.

Como él, la mayoría de los jugadores de este equipo provienen de barrios bravos de la Ciudad de México, pequeños infiernos urbanos de los cuales difícilmente pueden escapar sin un estigma. Pero desde hace tres años, gracias a este equipo de futbol de Tercera División, muchos de ellos han encontrado una salida, un objetivo en sus vidas, un sueño que perseguir: ser futbolistas profesionales.  

 “Es un proyecto futbolístico social que yo creo que es uno de los más importantes de la ciudad. La mayoría de estos muchachos vienen de entornos difíciles, algunos son chavos bien dotados, con habilidades, el problema es que no tienen disciplina. Entonces nosotros empezamos por enseñarles valores, porque ellos tienen broncas por todos lados: pandillas, problemas familiares, etcétera. Por eso aquí tratamos de inculcarles valores  para que estos muchachos mejoren lo más pronto posible, para que sean tomados en cuenta y también a nosotros nos ocupa, no nos preocupa,  que se eduquen para cuando regresen allá, a sus colonias, con su familia, tengan un nuevo estilo de vida y lo compartan”, comentó ‘Pareja’ López, ex futbolista de Pumas y técnico del equipo Ángeles de la Ciudad. 

Este equipo es, además, una oportunidad para jóvenes que han intentado entrar a otros clubes de primera división, pero no lo han conseguido. Tal es el caso de ‘Chiapas’ quien lleva en su apodo el estigma del provinciano en el D.F. Él viajó del sur al centro del país, luego al norte y finalmente de regreso al centro, todo en pos de un sueño: jugar futbol. Primero vino con las fuerzas básicas de Pumas. “Me decían que como era de afuera y era menor de edad no me podían ofrecer nada, que podía estar aquí nada más entrenando, pero pues no, porque gastaba y no me apoyaban” recuerda. Sufrió por la falta de recursos durante su estancia en la capital. “Los primeros dos meses que estuve aquí tuve más problemas, casi no comía, hubo unas veces, que venía a entrenar, me iba a la escuela y así andaba sin comer todo el día” recuerda; ahora vive con uno de sus compañeros de equipo y recibe una beca de 800 pesos por parte del Instituto de la Juventud.

“La economía de cada equipo profesional varía, pero sabemos que todos llegan a cobrar diferentes cantidades de dinero a sus jugadores por la cuestión de registros, finiquitos, uniformes, arbitrajes. Ángeles de la Ciudad es un proyecto en el cual no se les cobra ni un peso a ninguno de los chavos, al contrario lo que se busca es que ellos tengan el apoyo” aclara Pedro Jiménez, asistente técnico y vicepresidente del equipo.

Faltan pocos días para el inicio de la temporada. 'Pareja' interrumpe el partido de entrenamiento, está molesto por el bajo rendimiento durante la práctica, los regaña, grita, les exige más. “Hijoles, ya se encabrono el ‘Pareja’”, murmuran los jugadores y bajan la cabeza. Después, ya más relajado él los mira de reojo con cierto orgullo mientras platica. “Es dificilísimo controlarlos, pero tú ves a estos jóvenes y es un buen ambiente, entre ellos con el cuerpo técnico y con la gente que los ve jugar. Este deporte cambia a muchos de estos chavos, es un nuevo estilo de vida para ellos. Los veo ahora y sonríen, los oyes hablar y es otra cosa”

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