Mixcoac, barrio tradicional en el sur del DF, vive envuelto desde hace más de un lustro en una serie de obras gubernamentales que han afectado el estilo de vida de sus habitantes. El Deprimido Mixcoac Insurgentes es solamente el colofón de una serie de “proyectos” que, aunque sí han ofrecido beneficios a los habitantes de la ciudad, han sido más los problemas  que se han derivado de ellas para los habitantes de esta zona.

Mixcoac, el lugar “donde sólo la higuera señalaba los cambios del año”, según escribió el poeta Octavio Paz; puede quizá recordarse en los últimos años como el lugar donde solo las obras públicas marcan el paso del tiempo. Ahora resulta casi imposible recordar para los habitantes de esta zona, cuando comenzaron los estragos derivados por la construcción de segundos pisos, puentes, distribuidores y líneas del metro.

Mixcoac, mítico lugar de serpientes sobre las nubes, comenzó su transformación más radical a inicios del milenio, con la construcción del segundo piso de Periférico Sur. Aunque esta obra no estaba ubicada directamente en la zona, afectó en el tránsito de la misma, además en la iluminación y entorno de las casas ubicadas en los linderos de la colonia Nonoalco Mixcoac. Si la memoria no nos traiciona, podríamos incluso recordar los casos de personas que cayeron al cruzar sobre los puentes provisionales colocados para cruzar Periférico. Puentes que se mantuvieron meses después de terminada la obra y no fueron repuestos hasta después de varios accidentes y protestas de los vecinos.

Mixcoac apenas terminaban de reponerse de esta obra, cuando comenzó la construcción del puente que conecta Avenida Revolución con Rio Churubusco. La cual mantuvo por más de dos años sumida en el caos toda la zona de Av. Revolución, Eje 7 y Molinos. Dicho puente terminó por generar más problemas de los que realmente solucionó, pues significó una reducción de tres carriles en la avenida, lo cual ocasiona embotellamientos en las laterales que colindan con la salida del Metro Mixcoac, el paradero de autobuses afuera de la misma estación y el Mercado de Mixcoac.

Abajo del mencionado puente se colocaron espacios para negocios, iguales a los puestos en diferentes trayectos del llamado Viaducto Bicentenario; sin embargo a la fecha, al menos cuatro de esos locales están abandonados. Según se puede ver en la página de una inmobiliaria, estos espacios de 60 y 80 m2 se rentan a 350 por metro cuadrado, es decir 21 mil y 28 mil pesos respectivamente, pero el anuncio específica: “Solo franquicias!!!”.

Aún sin acabar de reponerse por las obras del puente llegó otra sorpresa: la línea 12 del metro.  Esta construcción mantuvo nuevamente la zona envuelta en el ruido, la tierra y el desorden que implica cualquier construcción en la vía pública. Felix Cuevas se mantuvo cerrada por más de un año, varios negocios ubicados sobre esa calle quebraron y también muchos habitantes de la zona prefirieron abandonar sus casas a las cuales no podían acceder de forma directa, además verse envueltas por ruido constante todo el día.

Cuando terminó la obra del metro, los vecinos tuvieron que enfrentarse con un nuevo problema: cuando volvieron a rehabilitar Felix Cuevas para la circulación vehicular no pusieron nuevamente todos los semáforos que había antes de que iniciaran las obras, varios de ellos no obedecían al cruce constante de vehículos, pero si al de personas en zonas escolares. Fue necesaria nuevamente, como sucediera con los puentes de Periférico, la protesta ciudadana para obligar a las autoridades a corregir estos detalles.

Y ahí no terminó el caos. Después de inaugurada la línea 12, hubo de esperar más de un año para que se arreglara la banqueta del lado de Nonalco, por donde está el paradero de autobuses. Pues el #Gobierno se ocupó solamente de embellecer el otro lado, entre Revolución y Patriotismo, donde está la salida de la nueva línea; pero ignoró la otra salida de la línea  7, con la cual hace conexión en Mixcoac la 12. 

Sigue leyendo esta nota AQUÍ. #Política Ciudad de México #Sociedad Ciudad de México