En días pasados conocimos del fallecimiento de Montserrat Paredes, ciclista que circulaba con tranquilidad, confianza y que fue arrollada por un camión en pleno Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.

 

El chofer de la Unidad de Transporte Público, Miguel Ángel Márquez Zamora, confesó al momento de su detención que no recordaba el accidente, sin embargo cuando las autoridades revisaron la unidad, se pudo verificar que ésta ya había sido lavada y que a pesar de todo contenía rastros de sangre por lo que ha sido detenido y acusado de homicidio.

 

La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, (PGJDF) buscará que el presunto responsable no pueda salir de prisión.

 

Una joven de 21 años que a su corta edad ya tenía la responsabilidad de trabajar en la zona de Polanco para ayudar a la economía familiar -como muchos otros- y encontraba en el transporte de Ecobici, la opción “segura” y económica para transportarse todos los días desde su trabajo hasta su escuela en donde cursaba el tercer semestre de la licenciatura en Mercadotecnia, ubicada en el cruce de Reforma e Insurgentes, perdió la vida gracias a la irresponsabilidad de un chofer de transporte público.

 

El chofer responsable de este trágico accidente, circulaba por los carriles confinados exclusivos para los ciclistas cuando arroyo a la joven, manteniendo la velocidad de la unidad y sin ningún movimiento que hubiera podido evitar la tragedia. Todo esto se puede observar en los videos de las cámaras de vigilancia que aportan la imagen adecuada para confirmar esta situación.

 

Es triste ver como una joven que cumplía con sus deberes en una vida ordenada y equilibrada, ya no haya podido alcanzar sus sueños y metas a raíz de haberse encontrado en el momento equivocado con una persona que no sabe lo que significa la palabra respeto.

 

¿Qué tan intocable es el transporte Público en nuestro país, que no se les puede exigir un trato digno, capacitación y nuevamente respeto a la sociedad?

 

En cualquier ciudad de México, el transporte público es la peor pesadilla que existe cuando se está en la calle para transportarse, ya sea como usuario, peatón, automovilista, ciclista o motociclista.

 

¿Porqué somos una sociedad que está acostumbrada a no respetar al ciudadano, a las instituciones, a los policías, al vecino y en sí a uno mismo?

 

Sería muy diferente si todos empezáramos a cambiar con pequeñas acciones diarias, nuestra manera de vivir en sociedad.

 

Que perdido está nuestro país que cualquier persona puede cometer un crimen y en la mayoría de las ocasiones puede salir con el simple pago de una fianza, mientras los familiares de las personas que fallecen ya sean niños, jóvenes o adultos, se ven envueltos en la tristeza, incertidumbre y en muchas ocasiones amenazados o chantajeados por las mismas autoridades que son quienes les deberían de cumplir y defender mediante leyes precisas y severas que castiguen este tipo de acciones.

 

¿Porqué en todo nuestro país, los choferes de transporte público no cumplen con un programa de capacitación en donde para poder salir a las calles deban de tener una certificación –no licencia- que realmente demuestre que están capacitados física y mentalmente para llevar en sus manos la responsabilidad de la vida de cientos de personas?

 

Debemos de recordar el uso de la palabra “Respeto” para recuperar ese México que hemos perdido.

 

Una simple palabra que bien aplicada todos los días, nos puede generar grandes beneficios como personas, sociedad y país.

 

“Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo” Mahatma Gandhi #Gobierno #Política Ciudad de México #Sociedad Ciudad de México