Ya desde el minuto uno algo olía mal en la selección dirigida por Juan Antonio Orenga. Nada más empezar el partido Gasol y compañía se llevaron el primer bofetón de la mano de un parcial que les dejaba con una desventaja de nueve puntos. Como se suele decir, empezaron el partido con el pie izquierdo. Sin embargo esto es baloncesto, estas cosas les pasan a todos los equipos. Haces un par de ataques en los que la pelotita no quiere entrar, los oponentes se tiran dos triples que entran y ya estáa seis abajo y con cara de circunstancias. Puede pasarle hasta a Estados Unidos contra el peor equipo del mundo. España tiró de galones y al final del primer cuarto estaban empatados a quince.

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Asunto solucionado. Ojalá.

Con la llegada del segundo cuarto la debacle fue ya evidente. Francia superó a España por siete puntos, lo que no parece mucho, pero dado que estamos hablando de un veinte a trece, estamos hablando de que Francia anotó un cincuenta por ciento más que España, ahí es nada. España se fue al descanso sabiendo que estaba en un muy serio problema. En ese momento el marcador ya era lo de menos. Siete puntos no son demasiados para remontar en veinte minutos de (buen) baloncesto. Donde realmente hacían aguas las esperanzas del combinado español era en que no estaban jugando buen baloncesto. No era una cuestión de que la pelotita no estuviera entrando, al final la lógica dice que si haces buenas jugadas y generas buenas oportunidades la estadística tenderá a la media y acabarán entrando los balones.

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Pero España atacaba como quién se va de paseo, a ver a dónde llegaban y cómo lograban acercarse a la canasta del equipo francés.

Los jugadores comandados por Vincent Collet jugaban muy tranquilos, pues sus oponentes no parecían tener ideas nuevas que plantear en ataque ni la capacidad de romper su defensa. El único jugador peligroso era Pau Gasol y, a falta de otros objetivos prioritarios, podían permitirse el lujo de realizarle ayudas que parecían casi temerarias, pero los demás no eran capaces de castigar con los jugadores que estaban menos marcados. Jugada tras jugada siempre se planteaba lo mismo y siempre la clave era presionar a Gasol. Es muy fácil defender cuando solo tienes que preocuparte de las mismas jugadas una y otra vez hasta que casi las repites de forma automática.

El tercer cuarto fue para España e incluso llegaron a estar por delante al final, pero fue un espejismo. Una vez empezó el último periodo el castillo de naipes acabó sobre el suelo y Francia acabó pasando por encima a una España que a esas alturas estaba noqueada.