Los periodistas deportivos nunca perdemos. Tenemos la ventaja de hablar siempre  "a toro pasado", es decir, sabiendo el resultado de antemano, vendemos primero haciendo héroes a los deportistas, y si este se equivoca, lo sentenciamos y muchas de las veces lo destruimos por haber faltado a la ética.

Las nuevas tecnologías son una herramienta formidable, pero han hecho precarias las condiciones de trabajo. Algunas empresas aprovechan para despedir a los periodistas más antiguos, si, a esos que escriben noticias y no chismes, a esos que suelen leer libros y no el Facebook, a esos que venden certezas en lugar de proponer dudas, a esos que se niegan a "actualizarse en los tuits o en el face", a esos que eligen "decirlo bien antes que decirlo primero", a esos que se oponen a que su nuevo jefe sea un gerente de mercadotecnia.

Es cierto, muchos se han prestado sin prejuicios al papel de bufones, algunos, narran partidos de #Futbol haciendo bullying a los compañeros de transmisión o ridiculizando a los protagonistas del juego, otros, lucen combativos gritando tonterías en polémicas televisivas, tristemente, la gran mayoría prefieren ser el "hazme reír" para mantener sus empleos.

Me taladran los oídos esos debates en los que el periodista deportivo habla con un tono de gravedad impostada, como si de su palabra dependiera el futuro de la humanidad, y solo está diciendo que un equipo vive una crisis deportiva o que la Selección Mexicana de futbol ya no es el gigante de la CONCACAF.

Esta claro que hoy en día no se necesita ser periodista o por lo menos haber estudiado una carrera universitaria para trabajar en los medios de comunicación, con ser actor o modelo es suficiente.

Recuerdo un comentario que una compañera reportera me hizo hace tiempo: "Si hubiera sabido que para conseguir trabajo en televisión había que operarse las "bubis" y el "trasero" le hubiera dicho a mis padres que mejor me pagaran los implantes y no una carrera universitaria".

El show ya no es patrimonio exclusivo de los "realitys" como el de la "Señorita Laura" o de  "Rocío Sánchez Azuara", no, también el periodismo deportivo se empeña en hacer el ridículo.

Actualmente, con canales especializados en deportes que transmiten  las 24 horas, casi todas las noticias sangran, chillan y braman, aunque no quieran sangrar, chillar ni bramar.

Hoy en día ya no se investiga, por qué investigar, es buscar en la basura, es ensuciarse, es arriesgarse, para investigar solamente los virtuosos y esos no están laborando en los medios de comunicación mexicanos. Lamentablemente, los que están al frente de programas y secciones deportivas prefieren hacer una labor más miserable.

¿Disculpas por nuestros errores o manipulaciones? No, eso sucede en la actualidad. Vivimos en estos años cambios políticos y sociales en el país. Como todo cambio, genera conflictos de intereses. Algunos, levantan la voz para que se eliminen los monopolios en los campos de negocio donde están incursionando, pero irónicamente aquellos que se quejan también son monopólicos en otros sectores.

Por si fuera poco, la lucha encarnizada que sostienen los emporios Televisa y TELMEX parece que no tendrá fin, y los demás grupos que dependen de la misericordia de estos dos gigantes se mantienen a la expectativa sin querer tomar partido, en pocas palabras, quieren estar bien con Dios y con el Diablo.

Así las cosas, no es fácil trabajar con libertad de expresión en medio de esta batalla entre el poder político y el poder económico. El poder, por naturaleza, suele ser grotesco. Suele manejarse con las leyes de la selva donde el más fuerte se lleva entre las patas al más débil.