Los Dallas Mavericks son un equipo que, supuestamente, aspira a ser el próximo campeón de la liga. Sin embargo tiene partidos en los que parece no ser capaz de superar a equipos que deberían ser fáciles para ellos en el combate más directo y que acaban por darle más problemas de los que deberían. Por el contrario, los New York Knicks son un equipo con mucho potencial, aunque con la necesidad de trabajarlo antes de llegar a obtener resultados positivos.

En el primer cuarto los jugadores del estado de Nueva York supieron rápidamente sobrepasar a un equipo tejano que estaba mucho más necesitado de Dirk Nowitzki que lo que parecía y que vio como el equipo rival se iba en el marcador sin que los Dallas Mavericks fueran capaces de seguirles. En pocos minutos lograron abrir una brecha de 7 puntos que parecía ser muy defendible para los New York Knicks, pues no parecían los jugadores del estado de la estrella solitaria capaces de sobreponerse a estos primeros minutos y plantar cara. De hecho en los siguientes ocho minutos solo lograron recortar 2 de los 7 puntos para acabar en 24 a 19. Un mal cuarto para un partido que iría a peor.

En el segundo cuarto, los Dallas Mavericks lograron imponer su juego y, gracias a los tantos de sus estrellas llegaron a sacarle una amplia ventaja a sus rivales. Barea y Chandler lograron que éste fuera un cuarto en el que los tejanos llevaran la voz cantante. Al final, 27 a 18 para los Dallas Mavericks y los New York Knicks tratando de sobrellevar este duro golpe.

En el tercer cuarto volvieron a ser los de la Gran Manzana quienes pondrían sobre la mesa gran parte del juego. Stoudemire y Prigioni llevaron el marcador de nuevo hacia el lado de los New York Knicks y empujando llegaron a sacar otros 6 puntos de ventaja. Un marcador final de 31 a 25 y dos puntos de ventaja en el global.

El último cuarto se puede resumir en la mala fortuna de los New York Knicks, que acabaron sufriendo el desgaste del partido y fallando demasiado al final. Lastrados por algunos jugadores cargados de faltas en jugadas desafortunadas acabaron por pagarlo una vez el empate quedó en el marcador al final del partido. En la prórroga, los Dallas Mavericks tuvieron camino libre para ganar por 102 a 109 a unos New York Knicks que habían gastado demasiado en el tiempo reglamentario.