Ya está, es oficial. Los Ángeles Lakers son ahora mismo la peor versión de sí mismos, incluida la breve temporada en la que tuvieron su sede en la ciudad de Minneapolis. Ni siquiera en la época en la que sus partidos como local se celebraban en la ciudad más importante del estado de Minnesota habían encadenado ocho derrotas en nueve partidos. Sencillamente están en este momento en el peor momento de su historia.

Y lo peor de todo es que no se trata de una cuestión estadística. Podría pensarse que han tenido mala suerte y que los primeros partidos han tenido que ser contra los mejores equipos de la liga y que ahora empezarán los cruces más asequibles y la franquicia empezará a recuperarse de lo que algunos empiezan a ver como la debacle de un equipo fallido en su inicio.

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Sin embargo no parece que sea así, no se trata de que no sean capaces de llegar a enfrentarse a esos equipos, sino más bien que no son capaces de que al llegar a los últimos minutos contra esos equipos el marcador, a pesar de estar en unos números muy respetables, se cierre con un resultado global a su favor.

Parecen un equipo que no tenga el deseo de ganar, esa ambición que hace que los equipos den lo mejor se sí mismos y arranquen las victorias de las garras de la mala suerte y de unos rivales que han podido tener más o menos fortuna durante el partido y pueden tener mejor o peor calidad individual, pero no igualan la ambición de un equipo como Los Ángeles Lakers, que sale cada noche a comerse la cancha.

Y lo peor es que van de mal en peor. Cada noche y cada partido se colocan en peor lugar y juegan cada vez peor.

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Muchos ya no ven a unos Lakers faltos de jugadores por las bajas. Algunos empiezan a ver un equipo que ha dejado de ser siquiera el reflejo de sí mismo y han empezado a convertirse en un chiste a costa de la franquicia. Cada día la situación degenera un poco más y se vuelve menos graciosa. Su jugador franquicia se ha convertido en un espectáculo para mal. Muchos ya no cruzan apuestas por cuantos puntos marcará, sino por cuan bajo será su porcentaje de acierto, que en último partido fue de un 7,14%.

Estos Lakers empiezan a ser lo que siempre temieron desde que empezó la temporada, un equipo indigno de llevar el purpura y oro.