Quién lo iba a decir, que 16 años después aquellos dos niños de apenas 13 años montados en la misma furgoneta y luego de una carrera de Karting fantasearan con una pregunta como la siguiente: ¿Te imaginas si un día tú y yo nos jugamos el título de la Fórmula Uno? Y fue así, bocata en mano, aquellos niños que no eran otros que Hamilton y Rosberg, amigos desde la infancia, que compartían la misma pasión por las carreras y que hoy comparten equipo y mismo objetivo: el campeonato del mundo. Pero ese premio solo se lo puede llevar uno y será mañana en Abu Dabi donde por fin se decida, quizás en la última vuelta, como hace unos años pasó en Brasil y luego de una final de infarto Hamilton ganó su título.

Un Hamilton calificado por un ex jefe de GP2 que también lo fue casualmente de Rosberg y que, casualidades de la vida, ambos fueron campeones con apenas un año de diferencia, 2005 Nico y 2006, comenta que son dos luchadores natos con un potencial enorme por delante, aunque se diferencian y mucho: Rosberg es obsesión y rutina, mientras que Hamilton es altibajos y desorden. Pero el inglés es más arriesgado y el alemán más conservador. Y este domingo ambos llegan en igualdad de condiciones en una carrera imperdible, que seguro que hará historia dentro del circo de la Fórmula Uno, en el cual al alemán no le basta con ganar, sino que necesita al menos un coche en medio de ellos. Con Hamilton tercero, entonces podría ser campeón.

Debe ser por eso que el piloto inglés comenta no sufrir ningún tipo de presión y, además, se antoja complicado que, luego de tantos dobletes -11 en esta temporada-, el inglés no pase la línea de meta dentro de los 3 primeros, eso y los 17 puntos que aventaja al alemán. Pero nada es seguro hasta que la carrera acabe, así que mañana el duelo promete ser de antología y cualquier error puede costar el título. Desde Mercedes se cuidarán de que la última batalla sea limpia entre ambos pilotos.

Nico necesita dos socios que colaboren en ese casi milagro, si los Williams se meten en la conversación, las posibilidades del alemán pueden aumentar, pero todos sabemos que es una lotería todo esto. Una mala salida, un error, un toque, todo es posible, y más cuando los nervios están a flor de piel. Hamilton ejerce presión psicológica sobre su amigo, no esconde que viene a ganar, que quiere este título y, a base de aceleración e impecable conducción, así lo hace saber. Mañana saldrá primero y eso es casi firmar el triunfo y, por ende, el título mundial. De la forma que sea las estrellas de plata habrán culminado una temporada brillante.

Claro, que no todo son rosas en Fórmula Uno, habrá que ver la próxima temporada cómo enfrentan la misma económicamente hablando los equipos que la integren y que no sea como esta, donde varios apenas llegan y al menos uno no pudo hacerlo.