Los Charlotte Hornets son ahora mismo un equipo fallido. No levantan cabeza y en cada partido parecen un poco más cerca que el anterior de caer en las peores estadísticas de la franquicia, incluidos los tiempos en los que eran los Bobcats. Son un equipo que en este momento está aun en construcción y se le pide paciencia a su público a la espera de tiempos mejores. Por el contrario, los Atlanta Hawks son un equipo que está en cuarta posición en la Conferencia Este y que cada partido tiene en sus aleros Paul Millsap y Mike Scott a sus mejores hombres. El partido no podía acabar bien para los de Carolina del Norte.

Ya desde el principio los Atlanta Hawks se pusieron claramente por delante en el marcador y mantuvieron durante toda la primera mitad del partido el pie en el acelerador. Fueron minuto a minuto marcando las distancias con respecto a sus oponentes y en cada jugada estaban un poco más lejos de los Charlotte Hornets en el marcador. En esos primeros 24 minutos ganaron el partido ante su público, que celebraba cada canasta como un nuevo logro y un pasito más hacia la fiesta del baloncesto que estaban viviendo en el Philips Arena de Atlanta, Georgia. Para cuando los jugadores dirigieron sus pasos hacia el vestuario el marcador del estadio señalaba un 64 a 28 que dejaba muy poco a la imaginación de los aficionados. Una diferencia de 36 puntos en solo dos cuartos habla muy a las claras del tipo de partido que se estaba celebrando en ese estadio en ese momento.

La segunda mitad fue para los Charlotte Hornets, que obtuvieron un 47 a 41 en el global de ambos cuartos, pero para esos momentos los Atlanta Hawks estaban jugando a medio gas y guardando fuerzas para próximos partidos, pues ambos equipos sabían muy bien que el partido estaba cerrado y que era muy complicado que los de Carolina del Norte lograsen mejorar su situación.

Al final 105 a 75 y uno de esos partidos que los aficionados a los Charlotte Hornets querrán olvidar lo más rápido posible, pues la superioridad de sus rivales había sido en algunos momentos casi insultante y fue muy duro ver a un equipo que lleva sobre el pecho el escudo de los Hornets sin poder disputar siquiera el partido.