Hay una norma que es muy clara en cualquier deporte, pero muy especialmente en los deportes en el que el público es abundante y las cantidades de dinero que se mueven son altas: las estrellas tendrán siempre sueldos muy altos en función del valor de mercado que poseen por su calidad y su capacidad de atraer público y generar ventas de productos derivados del equipo, aparte de lo que aporten directamente sobre la cancha.

Esto normalmente lleva a que los jugadores franquicia en los deportes de Estados Unidos, que habitualmente tienen un tope salarial, representen una parte importante del presupuesto que un determinado equipo tiene para poder destinar a la adquisición de capital humano en forma de jugadores que defiendan su camiseta en la cancha.

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Con el tiempo el sueldo de estos jugadores suele conducir a un cierto problema económico para las franquicias que poseen sus derechos, ya que es difícil adquirir talento con el que complementar la formación de una plantilla con garantías de obtener buenos resultados si una parte importante de dicho presupuesto queda secuestrada por el contrato de un único jugador que, lógicamente, no puede jugar solo.

Es por ello que algunas de las más rutilantes estrellas del baloncesto profesional de Estados Unidos han decidido ceder parte de su sueldo en los nuevos contratos para que sus franquicias tengan margen con el que negociar con otras posibles incorporaciones de cierta calidad y poder aspirar al anillo, el objetivo de todo deportista.

Algunos casos ya han sido muy comentados, como el de Dirk Nowitzki, que ya bromeó con respecto a que su franquicia tendría que pagar todas las cenas del equipo, ya que él había cedido más de catorce millones de euros con la intención de que el equipo tenga la posibilidad de poder fichar al alero de los Houston Rockets, ahora ya en los Dallas Mavericks, Chandler Parsons.

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Es el jugador que más ha cedido en su contrato para permitir este tipo de operaciones, pero los dos siguientes en este pódium no le van a la zaga. Serían Danny Granger, de los Miami Heat, que cedió más de doce millones a su equipo y Pau Gasol, de los Chicago Bulls, que renunció a una cantidad muy similar en beneficio de la franquicia de Illinois y que constituyen junto al ala-pívot alemán un pódium que demuestra que a veces ganar es más importante que el dinero.