Desde antes incluso de que los jugadores salieran a la pista ya muchos en las gradas estaban celebrando la victoria local, pues nadie esperaba que los Detroit Pistons, un equipos que no había logrado más que seis victorias en toda la temporada pudiera siquiera plantar cara a los Cleveland Cavaliers de LeBron James. Sin embargo, la sorpresa se sirvió en casa y ante su público.

Desde el inicio del encuentro los Detroit Pistons sacaron a pasear su mayor virtud, la férrea defensa que les hizo ya famosos en el final de los años ochenta y principios de los noventa y que han recuperado para tratar de aprovechar sus cualidades defensivas a la vista de que no son un equipo que vaya a ser capaz de mantenerse durante toda la temporada ganando partidos en base a una faceta ofensiva excelente de la que carecen. Por ello fueron poco a poco echando hacia atrás a los jugadores exteriores de los Cleveland Cavaliers a la vez que establecían una vigilancia ferrea sobre LeBron James, jugador que resulta clave para la aspiración de los Cleveland Cavaliers de ganar cualquier partido. Esto llevó a que los jugadores de Ohio tuvieran que decidir entre gastar recursos extra en hacer que el balón llegase en buenas condiciones a su estrella, dejarle el balón en posiciones mucho más comprometidas y que LeBron James demostrara su magia o dirigir parte de su ataque hacia otros jugadores con menor defensa aunque también con peores capacidades que el jugador franquicia. Esto fue llevando a que el desarrollo del partido para los Cleveland Cavaliers fuera desigual y que en ciertos momentos llevaran la voz cantante en base a su estrella y en otras en base a unos jugadores que hacían lo que podían para suplirle. Al final entre una cosa y la otra no tenían claro a que estaban jugando y acabaron con una actuación que no decía nada y que dejó al público del Quicken Loans Arena algo fríos.

Con un equipo en frente que no sabía qué estaba haciendo y teniendo una plantilla que sabe exactamente cómo se llega a la victoria los Detroit Pistons solo tuvieron que esperar a que el castillo de naipes en que se habían transformado los Cleveland Cavaliers acabara por irse abajo y recoger la victoria que sus rivales les tendían amablemente. Al final 103 a 80 y victoria visitante.