Los Orlando Magic son ahora mismo uno de los peores equipos de la Conferencia Este, solo por encima de muy pocos equipos, como los Charlotte Hornets, los New York Knicks o los Philadelphia Seventy Sixers. Gran parte del problema de este equipo es que carece tanto de líderes, en forma de estrellas que sean capaces de sacar el equipo adelante en base a su calidad, como de un juego de conjunto que sea capaz de ir ganando los partidos en base a las sinergias que la escasa calidad de sus jugadores, en comparación siempre a otros de la liga de baloncesto profesional de Estados Unidos por supuesto, puedan llegar a generar. Esto les ha llevado a que resulte muy complicado que se pueda obtener de ellos algún tipo de rédito positivo.

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El caso de los Boston Celtics es muy similar, han visto como sus grandes estrellas emigraban o se retiraban y eso les ha colocado en una posición muy difícil, pues resulta casi imposible pelear contra equipos como los Washington Wizards, los Toronto Raptors o los Atlanta Hawks, no digamos ya a los grandes monstruos del otro lado del país como los Portland Trail Blazers, pues también carecen ahora de un director de juego competente una vez Rajon Rondo ha cambiado de aires. En una situación así muchos pensaban que este sería un partido que ganaría el que menos fallase y ese fue el equipo del estado soleado.

Los Orlando Magic plantearon el partido haciendo una enorme palanca sobre el base del equipo de Massachusetts, sabedor de que ese era posiblemente el mejor jugador al que atacar en base al estilo de juego que despliegan en el campo unos Boston Celtics que hasta hace no mucho giraban siempre alrededor de esta posición.

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Los Boston Celtics no pudieron aguantar un ataque tan fuerte sobre las bases de su sistema y acabaron perdiendo el primer cuarto por un contundente 26 a 9 que cerraba ya el partido.

A partir de ese momento, los Orlando Magic se limitaron a ir empujando y empujando hasta llegar una ventaja de unos 25 puntos al final del tercer cuarto, momento en el que se dejaron ir sabedores de que era imposible recuperar ese marcador a no ser que lo hicieran realmente mal. De hecho, el partido acabó con un 100 a 95 jugando los Orlando Magic con los jugadores menos habituales.