Los Phoenix Suns están ahora mismo fuera de los playoffs en representación de la Conferencia Oeste. Son el primer equipo de los aspirantes a las eliminatorias por el anillo y se han quedado a las puertas a la espera de que alguno de los que en este momento ostentan uno de esos puestos tropiece y puedan los de Arizona llegar a obtener su lugar. Por el contrario los New York Knicks son ahora mismo decimocuartos de la Conferencia Este, solo por delante de unos Philadelphia Seventy Sixers que en este momento están dentro de la liga de baloncesto profesional de los Estados Unidos porque no existe el descenso. En teoría el partido sería fácil, no lo fue.

Los Phoenix Suns salieron a la cancha a establecer unos términos y reglas de juego que eran muy claras desde el principio y que les eran muy propicias. Trataron de presionar al base titular del equipo de la Gran Manzana, sabedores de que tras la lesión aún no es el jugador que era cuando se le contrató y que podía ser el eslabón más débil en la cadena de los New York Knicks. Sin embargo, aunque funcionó, no representó ni una pequeña parte de la ventaja que los del estado de Arizona pretendían llegar a obtener de esta táctica. De hecho en los tres primeros cuartos los Phoenix Suns no solo no lograron ponerse por delante en el marcador sino que además llegaron al final del tercer cuarto con un marcador adverso, aunque solo por un punto. Al final de los primeros 36 minutos el marcador mostraba un 67 a 68 que no hablaba demasiado bien de los frutos del planteamiento que habían hecho los visitantes al Madison Square Garden.

Sin embargo en el último cuarto los New York Knicks no fueron capaces de aguantar y la presión pudo con ellos. Acabaron por ceder en el marcador y una vez los Phoenix Suns se pusieron con una cierta ventaja y menos de un cuarto de tiempo para tener que mantenerla acabaron no solo ganando sino que además lo logró por un marcador de 99 a 90 que muestra una diferencia mucho mayor de la que los primeros minutos pudieron haber previsto.