Los Washington Wizards son, en este momento, uno de los equipos que lucha por estar primeros en la Conferencia Este. De hecho, son ahora mismo una de las tres únicas agrupaciones de esta conferencia, junto a los Atlanta Hawks y a los Toronto Raptors, que han logrado que las derrotas sean sólo siete. Aunque, en el caso de los jugadores de la capital del país, dicha cifra se ha alcanzado con una cantidad inferior de partidos.

Por el contrario, Phoenix Suns es un conjunto que está fuera de los puestos de playoffs de la Conferencia Oeste, por detrás de los New Orleans Pelicans y en la misma tabla que equipos como los Golden State Warriors, los Memphis Grizzlies o los Portland Trail Blazers. Ambos rivales han basado su éxito -pues en el caso de los Phoenix Suns, estar con sólo 14 caídas en la conferencia Oeste es todo un logro-, en un juego colectivo muy poderoso. En muchos casos llega a ser superior, incluso al de otros equipos que en este momento están por encima de ellos en la tabla. Esta sería una pelea en la que ambos contendientes pondrían todo su potencial colectivo sobre la mesa y verían quién tenía mejor suerte.

Los Phoenix Suns salieron a la cancha con una mejor disposición y haciendo un uso más intensivo del juego colectivo en base a su plantilla exterior. Demostraron ser muy superior a sus contrincantes, que no supieron anotar de manera sostenida a lo largo de todos los relojes de posesión. Esto se debió al continuo acoso a la salida del balón que hicieron los de Arizona sobre los bases y escoltas de los contrarios.

Por su parte, los Washington Wizards acabaron ahogándose en un sistema defensivo hecho para acabar con su juego. Al concluir todos los cuartos -salvo el primero, que los de la capital ganaron por 22 a 23-, los Phoenix Suns fueron capaces de sacar rentabilidades positivas de su estrategia. Y ello sin comprometer en ningún caso las enormes reservas de jugadores que tienen en el banquillo, para sustituir a los que acaben por caer por las faltas o el cansancio.

Al final del partido, un marcador de 104 a 92 les daba la victoria con mucha claridad, y dejaba a los jugadores liderados por Paul Pierce sin una victoria que daban las apuestas por más que probable.