Los Philadelphia Seventy Sixers son el peor equipo, estadísticamente hablando, de toda la temporada. Hasta este último partido habían perdido sus 17 enfrentamientos anteriores e iban de camino de convertirse en el peor equipo de la historia de la liga de baloncesto profesional de Estados Unidos, lo que es mucho decir en un deporte en el que ha habido franquicias que han resultado netamente fallidas en su planteamiento. Los Minnesota Timberwolves están en mejores condiciones estadísticas pero no es que tengan mejor aspecto sobre la cancha. Han perdido a su principal valor, un base estrella que les hacía mucho mejores y al que están echando mucho en falta desde que sufrió una grave lesión hace ya algunas semanas.

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Si había un partido en el que los Philadelphia Seventy Sixers pudieran salir de la racha negativa era éste.

El partido empezó realmente mal para los Minnesota Timberwolves, no lograron entrar en el partido y las racha negativa cayó por su propio peso. Lograron llevar el partido hasta el 12 iguales de nuevo, lo que presagiaba que tal vez todo tuviera arreglo, pero un nuevo parcial centrado en el base de los visitantes, Michael Carter-Williams, esta vez de 1 a 11, acabó por destrozarles en el cuarto. Al final 23 a 13 y primer cuarto para los Philadelphia Seventy Sixers.

En el segundo cuarto los visitantes tuvieron su propia pájara y pareció que empezaban su camino hacia la victoria con un cuarto en el que lograron un 21 a 9 que parecía cerrar las puertas a muchas cosas para los Philadelphia Seventy Sixers.

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Sin embargo, a la salida de los vestuarios fueron los de Pensilvania quienes salieron a la cancha con más ganas de ganar el partido y fueron limando diferencias e imponiéndose en el marcador hasta llegar al final del cuarto con una canasta de Robert Covington a 0.3 segundos que les colocaba 56 a 57 a su favor. Un diferencia muy pequeña en baloncesto pero muy significativa psicológicamente para unos Minnesota Timberwolves a los que ahora mismo les tiembla demasiado la mano.

En el último cuarto los Philadelphia Seventy Sixers plantearon el partido en sus términos y no dejaron que sus rivales jugaran cómodos, lo que fue suficiente contra un equipo que carece de la flexibilidad a la que estaban acostumbrados con Ricky Rubio. Al final 85 a 77 y victoria, la primera, de los Philadelphia Seventy Sixers.